Ni todo al libre mercado, ni todo al centralismo
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Hayek, el sistema de precios y el Ecuador del socialismo del siglo XXI.
La historia de la última década latinoamericana se ha visto marcada por contantes cambios políticos de tipo ideológico. La mayoría de los países de la región ahora exhiben un tinte socialista, ya sea en pequeña escala, como es el caso de Chile, o a gran escala como Cuba, Venezuela, Ecuador o Bolivia. Estos cambios han afectado en gran medida las economías de dichos países e incluso las de sus vecinos.
Los gobiernos sudamericanos están convergiendo a una estructura política basada en la tesis algo modificada del comunismo, ahora llamada sutilmente de otra forma, “Socialismo del Siglo XXI”; tesis que la historia económica mundial se ha cansado de demostrar que no funciona.
En cuanto al específico caso del Ecuador, se podría decir que éste, vive sus horas más protagónicas en el ámbito socialista. Nos estamos convirtiendo en una copia casi al carbón de Venezuela, es la opinión de muchos analistas políticos y económicos, por las acciones radicales que está tomando el gobierno actual en temas tan importantes como salud, educación, gasto público, entre otros; y cuya planificación depende de una sola institución estatal, me refiero a la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES).
El hecho de que una sola mente o unidad planificadora tenga toda la información necesaria para decidir por todas las demás personas de una economía sobre variables tan importantes como las mencionadas anteriormente podría no cumplirse como lo dice el economista austriaco Frederick Hayek, debido a que el conocimiento se encuentra disperso entre todos los individuos de la sociedad y una sola mente o grupo de mentes (haciendo alusión a un grupo de científicos o personas muy cultas que decidan por nosotros) no podría cubrir tal cantidad de información.
Hayek sostiene que dichas decisiones deben ser tomadas por los mismos individuos de la sociedad, quienes tienen mucho menos información que el ente planificador, pero de importancia mucho más valiosa ya que atañe a la parte específica del problema que se suscita, y aún más importante, es tratada por “el hombre que está en el terreno”; es decir que es manejada por individuos que se desenvuelven cotidianamente en un sector determinado de la vida económica de un país y que por ende deben tener conocimientos empíricos e incluso en algún grado conocimientos científicos de cómo resolver estos problemas, pero no necesitan saber del conjunto de implicaciones detrás de tomar una determinada acción sino solo las que a ellos les concierne.
Es por esto que la tesis presentada por Hayek en “El uso del conocimiento en la sociedad” defiende principalmente que el “sistema económico de precios de mercado” es el indicado para las economías, ya que es un sistema que ha evolucionado con el tiempo y que aunque no fue creado por las mentes humanas, o por lo menos no de forma consciente, revela toda la información necesaria a los agentes económicos sin necesidad de profundizar en el porqué de una acción y los lleva a aplicar las medidas necesarias para hacer frente a ella. Un ejemplo sencillo con el que Hayek explica esto, es que si un recurso de producción se vuelve escaso por alguna razón en alguna parte del mundo, ese hecho se traduce en un incremento del precio de ese recurso, por lo que los demandantes de él, gracias a la subida del precio saben que ese recurso ahora se ha vuelto más apreciado, no saben porqué pero no necesitan saberlo, lo único que requieren conocer es que ahora es más escaso por lo que deben ajustarse a este hecho, ya sea demandando menos o aumentando su valoración a pagar por él.
Aunque el sistema de precios tiene la ventaja de que trae mucha información importante y sencilla de los agentes económicos, la desventaja que observo, es que solo podría funcionar en una economía de mercado, sin ningún tipo de vigilancia por parte del gobierno, es decir una economía completamente liberal.
Por ello, considero que sí debe existir un organismo estatal planificador, no de la magnitud de nuestra SENPLADES que va al extremo queriendo planificar casi todos los ámbitos de la vida ecuatoriana, diciéndonos cosas como por ejemplo qué debemos estudiar, en que sector económico nos debemos desenvolver, que es lo que debemos consumir, etc.; pero sí una institución cuya función principal sea regular y no actuar. Una institución que se encargue de que el mercado no cometa sus fallos, que son el punto más criticado de la idea de llevar economías extremistas de libre mercado.
Si se dejara al mercado solo se darían casos como los que vivimos actualmente en nuestras economías, es decir externalidades, asimetrías de información, falta de competencia, mercados incompletos; ya que no vivimos en el mundo teórico de la competencia perfecta y por ello se necesita de un Estado que pueda de alguna manera arreglar o mitigar los efectos de estos fallos.
Hayek menciona en su paper con cierto recelo el punto intermedio entre un sistema económico planificado y uno descentralizado, haciendo referencia a los monopolios que él describe como “industrias organizadas”, y de los cuales dice “todos hablan pero a pocos les gusta cuando lo ven”.
Personalmente considero, y amparándome en los conocimientos aprendidos en mis clases de economía, que este sistema económico al que yo llamo “hibrido” sería algo bueno de aplicar, ya que no dejaría todas las competencias en ninguno de los dos extremos, es decir ni completamente economía centralizada, ni completamente economía descentralizada. Y para fundamentar mejor mi idea recurriré al ejemplo de la ciudad de Guayaquil y su regeneración urbana.
La regeneración llevada a cabo en la última década por el cabildo porteño es sin duda una muestra de cómo funcionaría un sistema híbrido en el que se complementen bien tanto Estado como Mercado. Las obras efectuadas en la ciudad están a cargo o bajo la competencia del Municipio Guayaquileño, que es una institución del Estado. El municipio a su vez ha concesionado muchas de estas obras y los mercados que emerjan de ellas; diciéndolo de otro modo, ha dejado el control de estos mercados en manos de empresas privadas. Si bien es cierto que desde el momento en que las empresas obtienen la concesión, su función es monopólica, sí hay una competencia previa, que es a manera de subasta o concurso público, en donde las empresas compiten por ganar la concesión.
Además hay que considerar el hecho de que en los mercados concesionados por el municipio es mucho más eficiente que una sola empresa sea la que opere, ya que son monopolios naturales, como es el caso del agua que está en manos de “Interagua” o el caso del aeropuerto “José Joaquín de Olmedo” que está en manos de “Tagsa”. Así que tomando en cuenta los enormes costos fijos que tendrían las empresas que soportar para brindar servicios de esta magnitud y teniendo en cuenta el papel de regulador del Estado, sería mucho mejor que se den casos de industrias organizadas. Obviamente esto requiere de varios otros aspectos como mantener una estabilidad política y económica, cosa que actualmente, es muy difícil de llevar, pero no imposible.
En nuestro país, dadas las actuales circunstancias políticas nacidas de la ideología del socialismo del siglo XXI, con logros a su favor como haber conseguido la aprobación de una nueva constitución que es muy restrictiva o incompatible con el capitalismo (a pesar de que este ha sido el sistema económico motor del crecimiento de las economías más fuertes del mundo) o haber conseguido centralizar muchas de las competencias que antes estaban en manos del mercado; y avizorando a corto plazo nuestro futuro, futuro en el que estaremos bajo estas mismas condiciones, considero que será muy difícil que se pueda aplicar alguna de las ideas del liberalismo como “El sistema de precios” propuesto por Hayek.
Sería bueno que se implemente un tipo de sistema económico mixto en el que se dé la importancia necesaria al mercado, pero que a su vez se lo regule cuando este lo amerite, para evitar las fallas de mercado. El regulador debe ser el Estado, éste debería solo cumplir esa función “regular”, de tal manera que se puede llevar una economía de compenetración entre Estado y mercado que sea eficiente.
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Sep 02 2009

