Una oficina, muchas personas, secretarias, asistentes, jefes, gente entrando y saliendo etc. Muchas cosas sucediendo y muy de prisa. Estaba un poco asustado, lo admito, en un trabajo completamente diferente al que venía realizando, aunque relacionado con mi carrera, pero en un área distinta al fin y al cabo. Entre tanto, recordé cierto día y cierta historia. Estaba de vacaciones, me iba a encontrar con unos amigos para ir a una disco, como vivo lejos de la ciudad, y no soy pelucón, tuve que tomar la metro y emprender el largo viaje hasta mi otra casa en la ciudad.
“Descubrir nuevos mundos te aportará no sólo felicidad y sabiduría, sino también, tristeza y temor. ¿Cómo podrás valorar la felicidad sin haber experimentado nunca la tristeza?. ¿Cómo podrás conquistar la sabiduría, sin antes haber tenido que enfrentar tus propios temores?. Al final, el gran reto de la vida consiste en superar nuestros propios límites, empujándolos hasta lugares a los que jamás habríamos soñado llegar”.
Iba sentado hacia la ventana… Es verdad, a veces no me gusta ceder el asiento por X razones, debo mejorar eso jeje, el viaje estaba tornándose muy aburrido, así que volví hacia mi maleta, dispuesto a sacar los audífonos para escuchar algo de música, pero para variar los había olvidado… Faltaba mucho para llegar, nada que hacer, sensación que había experimentado desde hace algunos días… Entonces sucedió! Estaba allí frente a mi, fue deslumbrante, pensé en hacerlo por un momento, no era algo que yo acostumbraba, al menos no hasta ese momento, pero si… lo hice!
Lo tomé lo abrí y lo comencé a leer, estaba en esa maleta desde hace tres días… Por el volumen del libro, pensé era un cuento de hadas, pero al empezar mi lectura me di cuenta rápidamente que era una historia real, pero escrita en metáfora.
¡Que más da! Me dije a mi mismo, falta mucho aún para llegar.
“Existen cosas que no pueden ser vistas con los ojos. Tienes que verlas con el corazón, y eso a veces es difícil… si redescubres el espíritu del niño que existe y siempre existirá en ti, con tus recuerdos y tus sueños, podrán caminar juntos, tratando de hallar un camino a través de esta aventura llamada vida, procurando siempre sacar el máximo provecho de ella…”.
Tres horas después, ya en casa, en mi cama, cerré el libro y me dije a mi mismo:
Desde hoy en adelante mis audífonos se quedarán en casa.
¿Cuántas palabras como aquellas me he perdido?
¿Cuántas historias me podrán enseñar tanto como aquella?
¡Cómo se pierde el tiempo en cosas intranscendentes!.
“Llega un momento en la vida en que no hay nada más que hacer; sino seguir tu propio camino. Es el tiempo de perseguir tus sueños. El tiempo de izar las velas de tus propios pensamientos”.

El Delfín, Sergio Bambarén.
¡Qué buen libro! Lo recomiendo mucho, a cualquier edad, realmente no somos diferentes a los delfines… Bueno tal vez en la parte de la monogamia.
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