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Junio 2, 2009
Divagando entre ideas y recuerdos, hoy no voy a escribir sobre la mamá de Samuel, el niño del pijama de rayas, ni de la inocente amistad entre un judío y un alemán, ni de cosas dolorosas sucedidas tiempo atrás, las que pasan hoy, las que ocurren siempre. Tampoco voy a ir al otro extremo y hablar de la serie australiana Bananas en pijamas y sus lindos personajes que inducen a usarlas.
No es nada especial, ni algo inusual en su modelo. Su etiqueta dice: Pijama de tela, ideal para entretiempo. Muy cómoda y juvenil. La compré en Wal-Mart, para ser precisos, tal vez creyendo en la comodidad que ofrecía su etiqueta, porque lo juvenil me ha quedado en el espíritu.
Pensé que iba a pasar bastante tiempo dentro del cajón, pero aquel día en que mi salud tambaleo y mis sentimientos estaban imprecisos, sin dudar, la tomé y le di la oportunidad de estar en mí…
Es simple y normal, creo yo; pero hablar expresamente de un colorido pijama a cuadros que se ha adherido a mi piel y no lograr descifrar sus intensiones precisas, como que es algo psicótico.
Me reflejo en un espejo y desconozco lo que proyecta. Le miro y le vuelvo a mirar y no logro captar su sentir, sólo sé que está ahí, luciendo su verde novelería, como si me dijera que ha logrado cruzar aquel mínimo límite que separa mi piel del pijama o el pijama de mi piel…
Me levanto, tomo una ducha, fricciono mi cuerpo y me vuelvo a meter en ella; desayuno, leo, examino, arreglo, preparo algo ligero y ceno; tomo mis comprimidos, una taza de agua aromática, y mientras no pase por el entrometido espejo, no la visualizo. Lo bueno es que de verdad es cómoda y no limita mis movimientos, a tal punto que la sensación de estar en el pijama o de que el pijama esté en mí, es mejor que la de aquella ropa laboral que debo usar a diario.
Llega la noche y sigue en mí. Pasa desapercibido el suave olor de las sábanas limpias; mi pijama ha logrado eclipsarlo y me sumerge en las tres eses: suave sensación seductora, lo que hará que termine enfundada en un pijama caliente tomando una taza de agua aromática colorida.
Esto es muy grave.
Ha comenzado a compartir mis recónditos sueños, acaso es un arte de Turín, un amor incondicional, o un dulce tormento que terminará diciendo un áspero: ya no te quiero en mí…y terminará marchándose de mi piel.
Lo bueno de lo malo es que pasa y el tiempo avanza insalvable.
Por ahora mi cuerpo le ha tomado cariño, mi piel está enraizándose, somos una simbiosis, hemos creado nuestro propio cosmos, el pijama y yo, yo y el pijama.
Sabe lo real de todo —pero ese no es el argumento… el pijama conoce que cualquier día puedo desaparecerlo igual como llegó; por eso adulón y convincente, emulando a la hiedra, creyéndose ideograma, un verde tatuaje o una simple espora, no se despega de mi piel. Está adherido en bajo relieve, en un infinito juego eterno.
¿No sería extraordinario tomar el control de que ningún pijama, tenga la osadez de incrustarse a ninguna proclive piel?
Lo tengo claro. Hay cosas en esta vida muy serias y una de ellas es la intención de este colorido pijama a cuadros. Si se lo permito, terminaré en la oficina con zapatillas que le hagan juego.
De modo que algo tendré que hacer…a más de llorar.![]()
1 comentario »
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Trackback por Bitacoras.com — Junio 4, 2009 @ 7:57 pm