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mayo 8, 2009

angel-con-rosaTres palabras similares de 5 letras cada una, que dan un resultado extraordinario.

Porque una madre es una mujer; es un ángel que Dios envió a la Tierra, es la amiga más leal que disponemos y encima de todo, nos aman en todo momento.

Cuando nos sobrevienen duras pruebas; cuando la prosperidad da paso a la adversidad; cuando nos abandonan los amigos que se alegraban con nosotros en las buenas; cuando las tribulaciones se multiplican a nuestro alrededor; ella, nuestra madre, se aferrará a nosotros y, valiéndose de consejos y preceptos de ternura, se esforzará por disipar los nubarrones de tempestad logrando el retorno de  la paz en nuestros corazones.

Y vaya que es así, nosotras las mujeres madres, somos bendecidas y privilegiadas. Dios nos entregó dones, que junto al vigor de la juventud nos predispuso a cumplir con este noble papel; nos dio una infinita capacidad de amar, fortaleza, abnegación  y sabiduría para proteger a nuestros hijos, con la fuerza de una salvaje fiera y  la dulzura de un ángel celestial, sin desmayar ante los avatares de la vida.

Amigas: cada una de nosotras somos un ángel en la Tierra para nuestros hijos.  Mantengamos  los brazos extendidos para cuando ellos nos necesiten, no importa si se han equivocado o no, un cariñoso abrazo y muchos besos, seguidos de un llamado de atención cuando necesitan una lección, buen ejemplo y más cariño, es la fórmula más eficaz para que un hijo se sienta seguro y amado hasta que pueda emprender su propio vuelo..

Mujer: si tienes madre, cuídala, recuerda: es un ángel que te guiará por siempre. Se su amiga y dale tu amor, comparte con ella tus momentos difíciles y tus alegrías. Agradécele infinitamente tu vida. Escucha sus diálogos, no importa si lo repite mil y más veces, son el testimonio de tu existencia, enjuga sus lágrimas, aunque pienses que son sin motivo aparente.  Abrázala y extiéndele tu mano en sus últimos años.

Brindemos hoy, el domingo y siempre, por aquellas madres que volvieron a ser ángeles y retornaron al creador.

Por  la dicha de las que aún la conservamos y por todas nosotras que día a día vamos moldeando a nuestros hijos, para que sean corazones nobles en los caminos de la vida.

 

 

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