guau!

Su llegada fue sorpresiva y no exenta de cierta polémica en el hogar. Nunca imaginé ese verano (2004) lo que traía mi hijo Nasser en una cajita de zapato: era una coqueta y simpática perrita.
El venía feliz con su nueva adquisición, acompañado de sus hermanos gemelos Javier y Sebastián. Cuando la vi, lo primero que dije fue un rotundo “NO”, ya que sólo me gustaban los animales de “lejitos” y no quería un perro, más aún cuando la casa estaba recién comprada, con muebles nuevos y además mi mamá tampoco quería encariñarse con mascotas debido a que había perdido la suya hace años.
Usé todos los argumentos que se me ocurrieron, pero observé las caritas de mis hijos ante mi negativa. Al final, acepté a esta nueva integrante del hogar.
Era una cosita chiquitita, de pelaje crespo, blanca entera, mezcla de Poodle y Maltés, ha
bía nacido justo el 31 de diciembre, cuando todos se estaban dando los abrazos. Parecía un peluche, exquisita, pasaba todo el día durmiendo.
Ponerle el nombre fue difícil, quería algo femenino, fino y no muy usual. Pensé en muchos y nada me gustaba hasta que un día al mirar la televisión estaban pasando “Sex and the city” y una de las protagonistas se llamaba Charlotte… me gustó, ideal para mi perrita.
PROBLEMAS
“Charlotte” creció y con ello aparecieron los problemas. Se orinaba en todos lados, roía las patas de los muebles y yo lo único que quería era que se la llevaran lejos, pero Jorge no me dejó; ya era parte de la familia.
La miraba y me movía la cola para ganarse mi cariño, así que fui, compre ají en pasta y lubriqué todas las patas de los muebles; santo remedio para su manía y mi mamá se encargó de enseñarle dónde orinar… ¡era como volver a criar!
Hoy no me imagino la vida sin mi niña (también la llamo así), pues me llena de alegría, siento que su amor por mí es incondicional. Cuando llego del trabajo, me recibe feliz y salta para darme langüetazos, lo que me recuerda a “Dino” de Pedro Picapiedra, sólo que ella es chiquitita.
CARIÑO
En la casa me sigue a todos partes, sabe que soy su ama, aunque mi madre es la que le da la comida y Jorge la baña, pero ella está todo el día a mi lado, me trae sus juguetes que son pelotas y peluches para entretenerse.
A mi hijo mayor le encanta hacerla jugar a la pelota y los chicos sólo quieren tenerla con ellos, está claro que es una más de la familia.
Sé que hay gente que no entiende que uno se exprese de un animalito como si fuera una persona, yo era uno de ellos, pero ahora sí comprendo a las miles de personas que aman a sus mascotas, las cuidan, les dan un lugar en sus casas y en sus corazones.
Ahora yo pertenezco a este grupo, amo a mi perrita, ella es parte de mi familia y de mi vida… ¡qué haría sin mi “Charlotte”!

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