A Louis Wain le gustó dibujar animales desde que era joven. Nunca perdía la ocasión para crear representaciones de los seres vivos que veía y de las escenas bucólicas en las que se veían involucrados. Sin embargo, fue cuando su esposa cayó enferma por el cáncer cuando empezó a dibujar aquello que caracterizaría su obra.

Concretamente, gatos adoptando actitudes y actividades propias de los seres humanos. Al principio, eso sí, tímidamente: los felinos que pintaba en esta etapa tienen las características anatómicas de los gatos normales y corrientes, pero intentan adaptar su cuerpo a los quehaceres humanos, como leer el periódico o fumar. Wain dibujaba estos gatos para animar a su esposa en sus últimos años de vida, y para ello recurría a retratar a su gato Peter en situaciones algo ridículas.

Wain no ha pasado a la historia simplemente por ser un buen pintor. Es también, uno de los ejemplos clásicos que se usa para mostrar cómo cambia a las personas la esquizofrenia, una enfermedad mental que podría haber quedado plasmada pictóricamente en el desarrollo de sus últimos cuadros.

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