Qué hacer para reconciliar a una pareja

“La peor reconciliación es mejor que el mejor divorcio”, afirmó una vez Miguel de C. Saavedra.

que-hacer-para-reconciliar-a-una-pareja

Absolutamente nadie tiene la última palabra en lo que se refiere a qué hacer cuando los inconvenientes del corazón hacen su aparición. Es bueno oír las consideraciones de aquellas personas que consideras de confianza y que te pueden recomendar con sensatez. Escucha múltiples puntos de vista, mas jamás dejes a tu instinto (o bien corazón, como desees llamarlo) por fuera de la discusión.

Si el corazón está pidiéndote a voces regresar, mientras tu cerebro piensa: mi ex novio me ignora, lo primero es admitir ese sentimiento y no rechazarlo por el hecho de que es más doloroso. Lo segundo, y más esencial, valorar con cabeza fría si el origen del rompimiento es una señal de algo más que un no comprenderse en el diario vivir.

Una crisis se gesta desde “la pérdida del respeto, la confianza y la intimidad”, asevera Virginia Todd Holeman en su artículo ‘Reconciliación marital’, publicado en la gaceta de Sicología y Cristiandad. Desde allá los inconvenientes de pareja que llevan a un rompimiento se dificultan. Ahora vamos a citar ciertos consejos dados por especialistas en sicología que podrían allanar el camino a una reconciliación triunfante.

Identifica la clase de enfrentamiento que dio pie a la rotura. El sicólogo especialista en terapia de pareja, Robert Bolton, identifica 3 géneros de conflictos: los sensibles, de valores y opiniones, y de necesidades. Con enfrentamientos sensibles el creador se refiere a la necesidad de cariño y cuidado mutuo. Los enfrentamientos de valores y opiniones están enfocados a la crianza de los dos, factores como religión y los conceptos de lo que es ‘bueno y malo’, que terminan por incidir en la vida en pareja en el momento de comprenderse mutuamente. Los enfrentamientos de necesidades se entrelazan con los sensibles, por el hecho de que mencionan a aquellos factores que cada uno de ellos demanda para sentirse pleno; muchos de ellos implican a las actitudes del cónyuge.

Charlar. Consejo tan machacado por todos y cada uno de los terapistas, y no obstante tan actual. Bolton considera vital las habilidades para solucionar el enfrentamiento y la preocupación por el otro a la hora del ‘cara a cara’. En este punto hay que volver a la honestidad que da la amistad y exponer todos los enfrentamientos (ya citados) que hacen que las cosas no vayan bien. Nada, nada que afecte a la otra persona puede esconderse.

Lograr consensuar los porqués

Los porqués. Es hora de dar la explicación a las acciones que nos llevaron al rompimiento, acá resurge el enfrentamiento de necesidades. Cada uno de ellos tiene diferentes necesidades personales, que de manera frecuente chocan con las de ese otro ser del otro lado de la cama. Para conseguir el perdón y la reconciliación auténtica no hay otra opción alternativa que saber las razones por las cuales ya no nos sentimos tan cómodos, exponerlas va a ser la única forma de humanizarnos entre sí y eludir el resquemor o bien el odio.

Suprimir el egoísmo. Tener una relación seria es un manifiesto tácito de que sacrificamos una parte de nuestra personalidad en pro de la unión con alguien más. Aaron Ben-Zeév, sicólogo y pensador de la Universidad de Haifa (Israel), identifica al egoísmo como la primordial causa del resquebrajamiento sensible. “Vale la pena la reparación cuando el prospecto de cambio es significativo”, afirma el especialista referiéndose a que cuando se actúa pensando única y de manera expresa en las necesidades propias, ignorando las de la otra persona, no es nada alentador el futuro de esa reconciliación.

Ojo con el lenguaje a la hora del diálogo. Ben-Zeév recomienda no emplear un lenguaje apocalíptico, apelar al drama en el momento de exponer tus razonamientos lo único que hace es profundidzar la crisis, y enojar la posible calma del interlocutor. “Un tono positivo y neutral es más triunfante que el negativo para lograr una reconciliación”, añade el especialista.

Una negociación en la que no haya un perdedor. No hay reconciliación si cada uno de ellos no sacrifica algo y al tiempo le reconoce algo más a su pareja, los dos deben ponerse conforme sobre las reglas a las que se ajustan si vuelven, por contra, si no hay concertación queda a consideración de las partes decidir cuánto desean sacrificar su integridad sensible por estar al lado de esa persona que no da su brazo a torcer.

No te reproches jamás haberlo intentado todo; aun, cuando parecía todo perdido

Muchas relaciones vuelven de lo que parecía un camino sin retorno o bien un laberinto de angustias. Otras tantas “tiran la toalla” por el hecho de que se ven superadas por una circunstancia que comprenden patológica y también irreversible. Estos últimos son los que llegan a ese punto vital en el que semeja no haber nada que examinar, nada que meditar y nada por replantear; lo que se traduce en el muy, muy duro “hasta acá hemos llegado” que tanta veces es tan sano y tantas otras apurado. Y lo peor es que siempre y en toda circunstancia debe haber un culpable.

Estamos acá, no obstante, para charlar de aquella pareja que lo procura por el hecho de que comprende que el amor profundo puede con prácticamente todo. Estamos para charlar de los que, cuando se miran en el espéculo se comprenden una parte de la crisis y no puras víctimas de ella; estamos acá para entender a los que, de nuevo, están prestos a darlo todo por amor, si bien este sea, ineludiblemente, el último suspiro.

Va a poder marchar o bien no, mas si NO hay un intento, NO hay un resultado.

Ahora bien, intentemos que el intento, siendo conscientes de que puede ser el último, sea auténtico, diferente a otros, pues tal como afirmaba Einstein “si hacemos siempre y en todo momento lo mismo, no conseguiremos resultados diferentes”.

Resumir. Comprender mi cincuenta por ciento de responsabilidad.

Si bien en muchas ocasiones la gente que nos quiere procura absolvernos de nuestras responsabilidades en el tema endulzándonos los oídos, sabemos de más que haber llegado a tal punto, es cosa de 2. Meridianamente podemos armar un relato arbitrario que nos ubique en situación de víctimas respecto al otro; asimismo podemos inventar hipótesis a fin de que el resto se ajusten a nuestra defensa, tal y como si tener a todos de nuestro lado nos hiciese sentir mejor, más fuertes…

El interrogante es ¿quizás si contases la verdad sin vueltas, todos no estarían en situación de darte un buen consejo, una buena opinión y un caluroso abrazo? Ellos proseguirían estando de parte tuya todavía sabiéndote equivocada.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *