(breve resumen del discurso por parte del Rector en la sesion solemne 51, por el aniversario de la espol)
Cualquiera sea el sistema político, modelo económico, nivel de desarrollo, grado de competitividad o ubicación en el Índice de Desarrollo Humano de un país, las universidades y escuelas politécnicas tienen la responsabilidad social y ética de ser instituciones de calidad.
Aunque la calidad es un concepto relativo, hay parámetros que han alcanzado consenso, en especial los relacionados con la pertinencia de las carreras, la trascendencia de las investigaciones, el impacto de los vínculos, el número de investigadores trabajando en ciencia, tecnología e innovación, las publicaciones en revistas indexadas, las patentes y licencias, los servicios científico-técnicos que han resuelto problemas de las organizaciones reales, los aportes para mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad y el emprendimiento de los egresados, entre otros resultados, que permitan, con cierto grado de objetividad, determinar si una institución universitaria es de calidad.
Calidad y responsabilidad social y ética son dos variable interrelacionadas cuya importancia, paradojalmente, es inversamente proporcional al grado de desarrollo del país, región o provincia donde actúa la universidad.
En los países desarrollados, gran parte de la inversión en ciencia, tecnología e innovación proviene de la empresa privada, y los resultados de esas investigaciones son privados y se rigen por la lógica del capital, y en campos como la generación de fármacos la utilidad está por encima de la vida de millones de personas.
Esa inversión privada, en los países ricos, va hacia los centros privados de investigación o hacia universidades privadas o públicas; en cambio, en nuestros países, muy pocas son las experiencias significativas de inversión privada a favor de las actividades de investigación en las universidades y centros de investigación públicos.
(tomado del diario Expreso desde su pagina web Expreso.ec)
El Parcon-Espol se inscribe en la tendencia internacional de crear miniciudadelas de investigación científica, que vinculan universidad y empresa.
Su fin es impulsar el crecimiento sostenible y desarrollo económico para las empresas, ciudades, regiones y países. El prototipo de ellas es el Sillicon Valley, de Estados Unidos.
A inicios de año, la Espol presentó el proyecto a las entidades públicas y privadas de la ciudad y la provincia, pues espera que el “Parcon-Espol” se convierta en el motor que impulse el desarrollo tecnológico de Guayaquil y del país.
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