La palabra ballet deriva del italiano “balletti”, vocablo que designaba los bailes cortesanos. Se lo conoce también como danza clásica. Surgió de los primitivos bailes de máscaras, y adoptó un carácter profesional, separándose el público de los bailarines a partir de la creación del primer teatro francés, por obra del cardenal Richelieu, en el año 1636, siendo los temas de los primeros ballets, las leyendas griegas y romanas.

Dependiendo de la época en cuestión, del país, el ballet podrá incluir, danza, mímica, teatro, personas y máquinas.
La técnica del ballet no es para nada sencilla sino más bien compleja, ya que la misma requerirá de una concentración importante que permita controlar todo el cuerpo. Asimismo, quien se dedique al ballet necesitará acompañar al mismo de un entretenimiento que le haga ganar en flexibilidad muscular, coordinación muscular y ritmo musical. Por tanto, lo ideal es empezar a practicarlo desde pequeño ya que los niños internalizan y automatizan movimientos con una mayor facilidad respecto de los adultos.
En tanto, para practicarlo se recomienda siempre un atuendo cómodo, para el calentamiento se emplea una zapatilla de tela o de piel con suela partida o completa pero muy, muy blanda y fácil de adaptar. Una vez que el bailarín ya domina bastante bien la técnica se empezará a ejercitar con las famosas puntas de pie. La edad ideal para iniciarse en el ballet son los ocho años.


Uno de los elementos asociados y más empleados en el ballet es la barra, una delgada y larga pieza de madera o metal que se emplea como apoyo en los primeros ejercicios de la clase.
Existen diferentes tipos de sistemas de ballet, el ruso, el italiano, el francés y el danés; y entre los métodos derivados se encuentran el cubano, el estadounidense y el inglés.
Si bien el ballet existe en cuanto pieza autónoma también es frecuente que se lo intercale entre las escenas de una ópera o de una obra de teatro.
Por otra parte, la palabra también se emplea para dar cuenta de la pieza musical compuesta para que sea interpretada mediante la danza. Aqui les dejo un video de ballet

El tutú
Un tutú es parte de la indumentaria llevada por las bailarinas de danza clásica. Cuando este vestido apareció en los años 1820 no se definía como tutú; este nombre le fue dado a partir de 1881.En 1832 Marie Taglioni inmortalizó este tipo de vestidura: un corpiño ceñido y una falda ligera y vaporosa confeccionada a base de varias capas que, si es larga (casi hasta el tobillo), se llamará tutú romántico, y cuando es corta se denominará tutú a la italiana. El traje de La sílfide pasará a convertirse en el uniforme, por excelencia, de las bailarinas. Más tarde, el tutú romántico, blanco y largo, caracterizará a las bailarinas de Giselle, La bayadera, etc. Aqui dejo un link sobre La historia del tutu

Fabricación del tutú
El tutú puede estar realizado con los tejidos siguientes:
- gasa
- muselina
- organdí
- tarlatana
- tul.
Puntas
El uso de las puntas dio comienzo en el siglo XIX con el auge de los ballets románticos, siendo la genial María Taglioni quien las utilizó por primera vez. El fin que se buscaba era alcanzar el máximo refinamiento y sutileza de movimiento , tal como lo requería el romanticismo, obsesionado por seres espirituales, hadas y espectros, donde las puntas adquirían especial protagonismo. Posteriormente su uso se generalizó para todas las bailarinas y en la actualidad se utilizan para la representación de todos los ballets clásicos.
En los albores del ballet no existían las zapatillas de punta, por lo que las bailarinas rellenaban las puntas de los zapatos con algodón en rama. Estos zapatos no eran los de hormas de hoy en día, sino simples zapatillas de satén con suela delgada. Para ejecutar el nuevo trabajo de puntas, o sea, bailar sobre las puntas del pie, lo que daba la sensación de que la bailarina era tan ligera que apenas rozaba el escenario, se protegía con este tipo de algodón. El trabajo de puntas fue sin duda, la innovación más famosa del ballet romántico.
El uso de las zapatillas de punta es obligatorio aproximadamente a partir del segundo o tercer año académico, aunque puede haber variantes de acuerdo al criterio de enseñanza. Detrás del trabajo de puntas existe un gran esfuerzo físico y técnico por parte de la bailarina y un arduo entrenamiento. La sensación que se busca es la de movimientos en constante crecimiento y a lo alto, de apenas rozar el suelo , o de no hacer ruido al caer de un salto. Todo ello conforma el mundo que la bailarina clásica representa y donde las puntas son una parte clave de su fascinante belleza.
El trabajo de puntas debe comenzar gradualmente para que el alumno se acostumbre a ellas y logre la fuerza y equilibrio necesarios para ejecutar los pasos de puntas. Primero se requiere tener una base clásica elemental, con buen dominio de los ejes corporales y de coordinación. Al principio se utilizan al final de los ejercicios de barra, haciendo hincapié en los pliés relevés, y más tarde se utilizan para hacer la clase completa y ejecutar la totalidad de los movimientos en relevé utilizando las puntas.


