{"id":60,"date":"2010-06-28T02:45:19","date_gmt":"2010-06-28T02:45:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.espol.edu.ec\/ibrodrig\/?p=60"},"modified":"2010-06-28T02:45:19","modified_gmt":"2010-06-28T02:45:19","slug":"arte-bohemia-y-amor-joven","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.espol.edu.ec\/ibrodrig\/2010\/06\/28\/arte-bohemia-y-amor-joven\/","title":{"rendered":"Arte, bohemia y amor joven"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blog.espol.edu.ec\/ibrodrig\/files\/2010\/06\/boigandreau.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-61\" title=\"Boharte\" src=\"http:\/\/blog.espol.edu.ec\/ibrodrig\/files\/2010\/06\/boigandreau-289x300.jpg\" alt=\"\" width=\"289\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blog.espol.edu.ec\/ibrodrig\/files\/2010\/06\/boigandreau-289x300.jpg 289w, https:\/\/blog.espol.edu.ec\/ibrodrig\/files\/2010\/06\/boigandreau.jpg 409w\" sizes=\"auto, (max-width: 289px) 100vw, 289px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Miramos libros sobre dada\u00edsmo y surrealismo y terminamos la noche inmersos en los esclavos de Miguel \u00c1ngel. Sin palabras, absorbimos los pensamientos del otro y, justo cuando romp\u00eda el alba, nos dormimos abrazados. Cuando nos despertamos, \u00e9l me salud\u00f3 con su sonrisa torcida y yo supe que era mi caballero.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Como si fuera la cosa m\u00e1s natural del mundo, permanecimos juntos, s\u00f3lo nos separ\u00e1bamos para ir al trabajo. No hizo falta decirlo; se sobrentend\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Durante las semanas siguientes, para dormir bajo techo dependimos de la generosidad de los amigos de Robert, en particular Patrick y Margaret Kennedy, en cuyo piso de Waverly Avenue hab\u00edamos pasado nuestra primera noche juntos. Dorm\u00edamos en una habitaci\u00f3n abuhardillada donde hab\u00eda un colch\u00f3n, dibujos de Robert clavados en la pared, sus pinturas enrolladas en un rinc\u00f3n y mi maleta de cuadros. Estoy segura de que, para aquella pareja, acogernos no fue tarea f\u00e1cil, porque nuestra situaci\u00f3n era precaria y yo era poco sociable. Por las noches, ten\u00edamos la suerte de compartir mesa con los Kennedy. Juntamos nuestro dinero y destinamos cada centavo a ahorrar para un piso de alquiler. Yo trabajaba muchas horas en Brentano\u00b4s y me saltaba las comidas. Trab\u00e9 amistad con otra empleada que se llamaba Frances Finley. Era encantadoramente exc\u00e9ntrica y muy discreta. Cuando dedujo mi dif\u00edcil situaci\u00f3n, me dejaba una fiambrera con sopa casera en la mesa del guardarropa. Aquel peque\u00f1o gesto me fortaleci\u00f3 y sell\u00f3 una s\u00f3lida amistad.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Quiz\u00e1 fuera debido al alivio de tener por fin un refugio seguro, el caso es que me derrumb\u00e9, agotada y crispada emocionalmente. Aunque jam\u00e1s cuestion\u00e9 mi decisi\u00f3n de entregar a mi hijo en adopci\u00f3n, aprend\u00ed que dar vida y desentenderse de ello no era tan f\u00e1cil. Durante un tiempo estuve malhumorada y abatida. Lloraba tanto que Robert me llamaba cari\u00f1osamente Empapadita.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Robert tuvo una paciencia infinita con mi melancol\u00eda en apariencia inexplicable. Yo ten\u00eda una familia que me quer\u00eda y podr\u00eda haber regresado a casa. Ellos lo habr\u00edan entendido, pero yo no quer\u00eda volver con la cabeza gacha. Ten\u00edan sus propios problemas y, ahora, yo ten\u00eda un compa\u00f1ero en quien pod\u00eda confiar. Se lo hab\u00eda contado todo acerca de mi experiencia; no hab\u00eda forma de ocultarlo. Ten\u00eda las caderas tan estrechas que el embarazo me hab\u00eda abierto literalmente la piel de la barriga. Nuestro primer contacto \u00edntimo revel\u00f3 las estr\u00edas rojas que me entrecruzaban el abdomen. Poco a poco, con su apoyo, fui capaz de superar mi honda verg\u00fcenza.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Cuando por fin hubimos ahorrado dinero suficiente, Robert busc\u00f3 un sitio donde vivir. Encontr\u00f3 un piso en un edificio de ladrillo de tres plantas emplazado en una calle arbolada a un paso de la l\u00ednea de metro de Myrtle Avenue y a poca distancia de Pratt. Ocupaba toda la segunda planta y ten\u00eda ventanas orientadas a este y oeste, pero yo jam\u00e1s hab\u00eda estado en un lugar tan extremadamente s\u00f3rdido. Las paredes estaban llenas de sangre y garabatos de psic\u00f3tico, el horno repleto de jeringuillas usadas y la heladera infestada de moho. Robert lleg\u00f3 a un acuerdo con el propietario. Acced\u00eda a limpiarlo y pintarlo con la condici\u00f3n de que s\u00f3lo pag\u00e1ramos un mes de fianza en vez de los dos estipulados. El alquiler eran ochenta d\u00f3lares mensuales. Pagamos ciento sesenta d\u00f3lares para mudarnos al n\u00famero 160 de Hall Street. La simetr\u00eda nos pareci\u00f3 favorable.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>[...]<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Nuestros escasos efectos personales estaban amontonados en el centro de nuestro futuro dormitorio. Dorm\u00edamos sobre los abrigos. Las noches en que se recog\u00eda la basura, sal\u00edamos a la calle y, m\u00e1gicamente, encontr\u00e1bamos lo que necesit\u00e1bamos. Un colch\u00f3n viejo bajo una farola, una estanter\u00eda peque\u00f1a, l\u00e1mparas reparables, cuencos de loza, im\u00e1genes de Jes\u00fas y la Virgen con recargados marcos desportillados y una ra\u00edda alfombra persa para mi rinc\u00f3n de nuestro mundo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>[...]<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>No ten\u00edamos mucho dinero pero \u00e9ramos felices. Robert trabajaba a tiempo parcial y se encargaba del piso. Yo lavaba la ropa y preparaba la comida, que era muy limitada. Hab\u00eda una panader\u00eda italiana que frecuent\u00e1bamos, cerca de Waverly. Compr\u00e1bamos una hermosa barra de pan duro o cien gramos de sus galletas pasadas, que vend\u00edan a mitad de precio. Robert era goloso, de modo que a menudo ganaban las galletas. A veces, la panadera nos pon\u00eda m\u00e1s cantidad y colmaba la bolsita de galletas amarillas y marrones mientras negaba con la cabeza y nos rega\u00f1aba con simpat\u00eda. Seguramente sab\u00eda que aquella era nuestra cena. La complet\u00e1bamos con caf\u00e9 para llevar y un cart\u00f3n de leche. A Robert le encantaba la leche con cacao, pero era m\u00e1s cara y ten\u00edamos que ponernos de acuerdo antes de gastar esos centavos de m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Ten\u00edamos nuestro trabajo y nos ten\u00edamos el uno al otro. Carec\u00edamos de dinero para ir a conciertos o al cine o para comprar discos nuevos, pero pon\u00edamos los que ten\u00edamos hasta la saciedad. Escuch\u00e1bamos mi <\/em><em>Madame Butterfly cantada por Eleanor Steber. <\/em><em>A Love Supreme , <\/em><em>Between the Buttons , Joan Baez y <\/em><em>Blonde on Blonde . Robert me dio a conocer sus preferidos \u00b4Vanilla Fudge, Tim Buckley, Tim Hardin\u00b4 y su <\/em><em>History of Motown fue el tel\u00f3n de fondo de nuestras noches de diversi\u00f3n compartida.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Un d\u00eda de oto\u00f1o inusitadamente c\u00e1lido nos vestimos con nuestra ropa preferida, yo con mis sandalias beatnik y mis pa\u00f1uelos deshilachados, y Robert con sus collares de cuentas y su chaleco de piel de carnero. Tomamos el metro hasta la calle Cuatro Oeste y pasamos la tarde en Washington Square. Compartimos caf\u00e9 de un termo mientras observ\u00e1bamos la marea de turistas, porretas y cantantes folk. Revolucionarios exaltados distribu\u00edan pasquines antib\u00e9licos. Jugadores de ajedrez atra\u00edan a un p\u00fablico propio. Todo el mundo coexist\u00eda en aquella constante cacofon\u00eda de diatribas, bongos y ladridos de perro.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Nos dirig\u00edamos a la fuente, el epicentro de la actividad, cuando un matrimonio maduro se detuvo y nos observ\u00f3 sin ning\u00fan disimulo. A Robert le gustaba que se fijaran en \u00e9l y me apret\u00f3 cari\u00f1osamente la mano.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>-Oh, s\u00e1cales una foto -dijo la mujer a su desconcertado marido-. Creo que son artistas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>-Venga ya -respondi\u00f3 \u00e9l, encogi\u00e9ndose de hombros-. S\u00f3lo son unos ni\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em> <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miramos libros sobre dada\u00edsmo y surrealismo y terminamos la noche inmersos en los esclavos de Miguel \u00c1ngel. Sin palabras, absorbimos los pensamientos del otro y, justo cuando romp\u00eda el alba, nos dormimos abrazados. Cuando nos despertamos, \u00e9l me salud\u00f3 con su sonrisa torcida y yo supe que era mi caballero. 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