El Universo, Viernes 16 de julio del 2010
Ver cuántas personas ingresan a una página web puede ser tan útil para una empresa como saber cuántas entran a uno de sus almacenes y realizan una compra. Así puede conocer qué tan seguro se siente el cliente en su sitio en internet y determinar si regresará o no; o si está conforme con la atención y encontró lo que esperaba.
Esas conclusiones se pueden obtener a través de mediciones realizadas por sitios gratuitos que monitorean el tráfico en la web y actualmente constituyen una herramienta que utilizan las empresas para mejorar la atención al usuario.
Con ellas se pueden cuantificar los usuarios nuevos del sitio, los que son recurrentes, el tiempo que se tardan en navegar, entre otros parámetros.
Fabricio Echeverría, especialista en Monitoreo Web, explica que la tendencia de las compañías a realizar seguimiento a sus páginas tiene menos de diez años en el país y solo la aplican cerca del 10% de las empresas. Esto pese a que los sitios que proveen este servicio, como Google Analitics, Alexa, Web Grader, entre otros, son gratuitas y arrojan resultados de seguimiento automático.
Según un análisis del Observatorio de Internet de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) de las 23 páginas más visitadas del país, las primeras diez corresponden a bancos y medios de comunicación, seguidas por instituciones públicas y páginas para buscar empleo. Solo figuran cinco fuera de esas categorías: dos web de empresas de compra y venta de vehículos (Patios de autos y Patio tuerca), una operadora celular (Porta), una universidad (Espol) y una web sobre fútbol (Sports Marketing Group).
Echeverría explica que el principal problema es que las empresas no ven la web como una “pasarela para exhibir sus productos”, sino que consideran que es solo para realizar transacciones, por lo que no se preocupan de cómo se conectan los links dentro de la página, lo que las convierte en sitios confusos a los que el usuario no quiere entrar.
José Rodríguez, miembro del Observatorio de Internet de la Espol, señala que las empresas que más atención le prestan a la web son los medios de comunicación, por su interés en vender espacios publicitarios en esos sitios.
Sin embargo, indica que hay la tendencia de usar el monitoreo de páginas para conocer preferencias de consumidores.
José Luis Madrid, jefe de medios digitales de Movistar, refiere que desde que la empresa presentó la página web hace cinco años, los monitores a través de Google Analitics han ayudado a obtener estadísticas que “nos permiten tomar acciones en mejora de la página web a nivel de servicios, contenido, e-commerce”. Con estos parámetros dice que el sitio fue rediseñado hace dos años.
Otra empresa que utiliza las herramientas de análisis es Mavesa, concesionario de los vehículos Hino y Citroën. María Luisa Cabrera, jefa del departamento de Sistemas, explica que en su caso el monitoreo es continuo desde que se relanzó la página en marzo y sirve para medir la efectividad de las promociones que hacen a través de redes sociales y la clase de información que más le interesa al usuario.
Páginas Top 5:
Los sitios web más visitados de Ecuador, según el análisis de la Espol, son los del Banco Pichincha, EL UNIVERSO, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, El Comercio y el SRI.
El Universo, domingo 18 de julio 2010, Francis Pisani, Web 3.0
Facebook es el primer sitio de redes sociales en el mundo, a excepción en aquellos países –en la mayoría de los casos– que emplean distintos sistemas de escritura y cuyos regímenes políticos mantienen relaciones espinosas con Estados Unidos (China, Rusia, Irán, Siria). Aliado de Washington a Japón solo lo diferencia su grafía.
A Brasil se debe la confirmación de la regla: en su territorio domina Orkut. Pero FB gana terreno en países donde le ha costado imponerse: India, Turquía e Indonesia, por ejemplo.
Sin embargo, el ritmo de crecimiento puede desacelerarse. Después de haber conquistado cerca de ocho millones de nuevos usuarios en EE.UU. durante mayo, apenas sumó 320.000 en junio. Es más, la cantidad de usuarios en el grupo de 18 a 44 años descendió durante ese periodo. Europa occidental sufrió una merma comparable.
Semejante caída requiere explicaciones. Podría tratarse de un “accidente estadístico”, pero la razón más obvia, dada las diferencias entre zonas geográficas, es atribuible a que algunos mercados están alcanzando su tope de saturación. Tal fenómeno explica los excepcionales esfuerzos de Facebook por penetrar en Asia, por ejemplo.
Zuckerberg mismo reconoció la existencia del problema, que atribuyó, en parte al hecho de que, obsesionado por el crecimiento de Twitter, descuidó el propio.
La segunda elucidación sonaría más sugerente. En mayo aludimos al escaso interés de los dirigentes de Facebook por proteger los datos personales de los usuarios.
Tal vez la actitud de Zuckerberg, el desprecio contenido en su “no me importa”, desencadenó una ola de preocupación entre los usuarios.
El 31 de mayo fue declarado por algunos “un día sin Facebook”. Otros más decidieron “suicidarse”: eliminaron su perfil el 6 de julio. Pese a que el número de participantes no fue muy elevado en ninguno de ambos casos, no podemos descartar que tales acciones colectivas, y la publicidad que merecieron, hayan contribuido a difundir inquietud entre los usuarios, en particular entre los potenciales.
Un estudio de roiworld.com, sitio de juegos y de moda, completa el cuadro permitiendo una mejor comprensión del vínculo de los adolescentes estadounidenses con Facebook: pasan 2 horas al día on-line, 80% de ellos en sitios de redes sociales.
Sin embargo, uno de cada cinco ya no entra a Facebook o lo utiliza cada vez menos.
Las razones invocadas van desde la pérdida de interés (45%) hasta el fastidio que despierta la presencia de los mayores, incluyendo la de sus padres (28%), y el temor a la divulgación de sus datos personales (13%, cifra impresionante para este grupo).
Facebook sigue siendo entre ellos la mayor red social (78% cuentan con un perfil), seguido por YouTube (64%) y MySpace (41%). Por último: los que se quedan dedican la mitad del tiempo a los juegos que ahí encuentran. Nada de esto significa que Facebook vaya a dejar de crecer.
Juegan a su favor los “efectos de red” basados en la llamada “ley de Metcalfe”: el valor de una red es proporcional al cuadrado del número de sus nodos (en el caso de una red social, su valor crece a mayor velocidad de lo que podría indicar el crecimiento del número de personas conectadas).
No sirve de mucho enlazarse a una red pequeña, siempre nos inclinaremos por aquella que nos ofrezca la perspectiva de conectarnos con el mayor número de gente posible.
Dicho de manera más brutal: la diferencia entre una carretera y una red reside en que, en la primera, el exceso de usuarios acarrea embotellamientos, mientras que la segunda funciona mejor entre más gente la transite.
Pero tal suceso podría provocar un serio problema, de mayor envergadura que los inconvenientes que plantea. Google –que se propone ‘no hacer el mal’– produce más temor por su calibre que por sus acciones... discutibles –que no faltan.
El caso podría resultar más grave para Facebook dados sus intentos por centralizar toda la información posible y por su carencia de respeto al derecho de privacidad de sus usuarios. Las razones que preocupan a FB son a toda luz mayores.
Un motivo de particular inquietud para Zuckerberg proviene de que la luna de miel con sus nuevas conquistas es cada vez más corta. Recordemos que el tamaño de Microsoft empezó a intranquilizar tiempo después de que hubiera logrado una posición dominante.
Los artículos críticos a Google aparecieron cuando apenas se imponía. Resulta ahora que, más allá de lo que los analistas opinen, Facebook nos incomoda cuando se encuentra en pleno auge. El malestar podría contribuir a que perdiera velocidad. Lo bueno sería que impulsara nuestra conciencia digital crítica.
Links
mashable.com
liesdamnedliesstatistics.com
news.cnet.com
es.wikipedia.org
www.vincos.it
www.comscore.com
Domingo 11 julio 2010 - Por Francis Pisani - Web 3.0
Vivo la rivalidad Apple/Google de manera personalísima, como hijo de unos padres cuyos países de origen estuvieran en guerra. De ahí la necesidad de comenzar aclarando mis inclinaciones, mis afinidades en conflicto.
Compré mi primera Mac en 1984, deserté de la marca en los insoportables tiempos del OS 8.5, y volví a la manzana cuando Microsoft anunció que interrumpiría el servicio de Windows XP.
Hoy, además del computador, tengo iPod, iPhone y iPad. A excepción del Kindle (que discretamente sustituyo por mi iPad para leer los libros de Amazon), todos mis aparatos son Apple.
Me crucé con Larry Page, fundador de Google, en 1998 y, aunque lo pensé, no tuve la clarividencia de pedirle trabajo.
Uno de mis orgullos es el haber publicado temprano mis primeras notas sobre aquel motor de búsqueda, y desde entonces utilizo sus servicios: Gmail, Reader, Google News y los mapas (no les perdono la supresión del Notebook). Es probable que no vacile en pasarme a Chrome apenas cuente con los plug-ins que uso en Firefox.
Pero me encanta criticar a ambos, podría decir que hasta me gusta odiarlos. No lo considero ni defecto ni debilidad, más bien ejemplo de la actitud participativa y crítica que debemos mantener frente a tales mastodontes.
¿Qué significa, pues, la rivalidad entre estos dos ex aliados? Lo fueron contra Microsoft cuando MS aún contaba, y hoy compiten por iguales mercados (publicidad, telefonía móvil, y pronto música y libros, entre otros), porque así son los negocios. Hecho que no necesariamente los vuelve “enemigos”, y hasta podríamos conceder cierta paradójica credibilidad a una frase de Eric Schmidt, CEO de Google, pronunciada en ocasión de la nueva versión del sistema operativo Android.
Más que disputar con su rival, dijo, “estamos tratando de hacer algo distinto a Apple y la buena noticia es que Apple nos está facilitando la tarea”.
La lógica es sencilla y radica en el corazón de las diferencias: Google propone un sistema abierto (controla la elaboración del OS pero cada quien puede modificar sus aplicaciones), mientras Apple propone su propio sistema y el total control: OS, aplicaciones y aparatos.
Steve Jobs, CEO de Apple, lo reconoce a su manera al opinar que “la gente que quiere pornografía puede comprar un teléfono Android”. Ofrece protección a cambio de restringir libertades.
La diferencia conlleva los peligros que cada una de las dos empresas representa. La apertura de Google permite que esté en todos los campos, omnipresencia que se traduce en poder avasallador y, por lo tanto, problemático.
El notable crecimiento de Apple, de su parte, descansa en la protección que ofrece en sus espacios controlados.
El riesgo, para el ecosistema, es que mata las posibilidades de innovación no previstas, como lo señala Jonathan Zittrain en su libro El futuro de la internet. Rivales, sí, pero en la red hay sitio para espacios abiertos y cerrados, y las dos empresas saben cuál quieren.
Para nosotros, los usuarios, es fundamental que ambas puedan seguir evolucionando sin que ninguna amenace con ahogar el mercado. En este terreno surge el problema con Facebook, un niño gigante de ambiciones descomunales.
Quiere, como Google, estar en todas partes (y podría imponerse) y, como Apple, altera una característica clave de la riqueza de la internet, en este caso su ausencia de centralidad. Facebook quiere centralizar los datos. Sería muy grave. No se trata de tomar partido sino de desarrollar una visión más crítica de estos rivales, ejercicio difícil pero más saludable –para todos– que la identificación de corte religiosa tan común entre los fanáticos de una u otra marca. ¿Quienes mejor, para promoverla, que nosotros, usuarios mestizos de sus servicios?