REPRODUCCION

Reproducción y Crianza
fotoLos factores existentes que capacitan al semental para montar una yeguada son dos, las normas permisos que rijan en el país de origen para el acoplamiento, las cuales deben revisarse detalladamente desde el principio y el tipo de instalaciones y las características que presenta para dicho propósito, van de acuerdo al nivel económico que se tenga.Algunas de las posibles causas por las cuales el animal no pueda procrear son: esparaván, cataratas, alteraciones de los órganos genitales, rugidos o silbidos, enfermedades que afecten a los huesos naviculares, y algunos otros trastornos.La conformación morfológica y la función deben ser casi perfectas, ya que el papel del semental es suplir las deficiencias de la yegua.

Lo que se busca principalmente en los caballos de carreras, son las marcas del semental; la conformación pasa a un segundo término.

El funcionamiento y la apariencia de los órganos genitales del semental deben ser normales, visibles, encontrarse al mismo nivel, y ser de igual tamaño. Si por algún motivo un testículo se encuentra retenido en el interior del tronco, el caballo se considera inadecuado para utilizarse como semental ya que son infecundos y sus descendientes machos heredan el defecto. Lo que necesita el semental es un amplio establo y una zona de césped o patio para hacer ejercicio, asímismo un área de acoplamiento, con el equipo necesario para las operaciones previas a la cubrición. Los cuidados deben estar a cargo de unguía experto, que necesitará a su vez personas capaces de colaborar con él en el manejo de las yeguas.

Estableciendo el vínculo, es recomendable mantener juntos al guía y al semental durante toda la temporada, ya que es más fácil para los dos trabajar juntos, siendo cada uno de ellos capaz de prever los movimientos del otro.

El manejo del semental en el establo es muy importante. Al sentirse en familia es más feliz, en algunas ocasiones no participa en las actividades generales y habituales. El trato con sus compañeros debe ser el mismo, tomando en cuenta ciertas restricciones, como evitar la cercanía con otros en la época de acoplamiento. No es recomendable introducir en cualquier establo a un semental, más aun si se trata de un animal excitable, puede llegar a sentirse incómodo; debe proporcionárseles libertad, ya que si permanecen encerrados o apartados de compañía, exceptuando los momentos de acoplamiento, el resultado será frustración, soledad e infelicidad. Causando un difícil manejo. Las patas del semental deben mantenerse siempre limpias, por la larga permanencia en pesebres y zonas sucias, que pueden producir la aparición de higo y contracturas de los miembros. Diariamente se debe limpiar y almohazar, para mantener en óptimas condiciones su pelaje, sus músculos en buen estado y sus poros permeables. El aceite de linaza hervido, además de ser un magnífico acondicionador, proporciona al pelaje un bello lustre. Los sementales pura sangre y los de las razas mayores necesitan una dieta rica en proteínas, de hasta 7 kg. de avena machacada por día, para lograr una máxima fertilidad. También es necesario darles heno de buena calidad. Con este tipo de dieta es esencial que aparte de las actividades de yeguada, el semental efectúe ejercicio de forma regular, para mantenerlo en excelentes condiciones, sin engordar. El exceso de grasa es una de las causas fundamentales de infertilidad y puede dar lugar a laminitis (afección dolorosa de los extremos de las patas).

Puede montarse o conducirse a muchos sementales de razas más pequeñas; gracias a su inteligencia distinguirá inmediatamente entre el freno usado para ejercicios y la jáquima utilizada para el acoplamiento. Si se inculca una conducta correcta desde el principio, la mayor parte de los sementales aceptarán y aprenderán que el deseo sexual es totalmente inaceptable durante el ejercicio. Los pura sangre no suelen montarse y deben efectuar una o dos horas diarias de ejercicio, con un guía, si poseen una vitalidad excesiva. Deben tener acceso a una zona de césped donde estar libres durante los meses fuera de temporada, o disponer de unos días libres de actividades de yeguada. Un cercado fuerte, alto y con doble valla, con una separación de la longitud de un caballo entre las dos cercas, servirá para disuadir la idea de saltar o escapar, incluso a los más decididos. Los más pequeños pueden permanecer en zonas adyacentes, con un cercado sencillo.

La jáquima de cubrición se compone de una brida con bocado de metal recto y con una resistente cadena de unos 45 cm. de longitud. Esta cadena se sujeta con unos anillos a una larga tira de cuero o de cuerda de cincha, de una longitud que permite practicar la arremetida, y que se para a través del asidero derecho del freno, por debajo de la mandíbula, y se sujeta en el izquierdo. Cuando se aplica tracción por medio de la cuerda, resulta dolorosa y suele controlar los deseos del animal. Si, por ser inminente la cubrición, el semental resulta difícil de embridar, se le puede colocar un collar de cabeza, con tira frontal, y mantenerlo durante las horas libres de actividad, acoplándole un bocado o freno a los asideros laterales, cuando sea necesario. Se debe utilizar una cuerda larga, ya que ciertos sementales se encabritan antes de agotar sus energías. El guía debe llevar una fusta corta y fuerte.

El proceso consiste en presentar a la yegua y al semental, colocándolos a los lados de unas cercas o tableros diseñados para este fin. Esto se hace para mantener la seguridad del macho, ya que es un medio de seguridad para evitar que brinque sobre la yegua y la monte antes de que se encuentre preparada. Algunas veces los sementales son demasiado viriles e hiperexcitables, para juguetear con la yegua y determinar si está a punto para el acoplamiento. En cuyo caso, se utiliza para este fin otro caballo, cuya tarea es coquetear con las yeguas bajo la observación del mozo de cuadra, de forma que éste puede deducir cuáles son las que se encuentran preparadas para efectuar un acoplamiento.

Los potros que tienen dos años son capaces de cubrir a unas seis yeguas en su primera temporada de acoplamiento; lo más conveniente es que sus primeros contactos sean con hembras maduras, que al estar flácidas, facilitan la cubrición. En general, estas yeguas suelen mantenerse quietas y toleran los torpes e insuficientes intentos precoces del potro. Éstos se lanzan con frecuencia hacia las hembras sin erección del pene y trepan sobre ellas sin efectos útiles; ahora bien, un buen mozo de cuadra sabrá mantener al potro en esta actitud hasta que se encuentre en condiciones de acoplarse realmente. El conductor de la yegua puede entonces llevar a ésta al otro lado del portón, acercándola al macho en el momento óptimo. Con la ayuda de yeguas dispuestas, el joven potro aprenderá pronto, siempre y cuando no quebrante con premura su confianza a consecuencia de alguna potranca joven y resabiada.

Cuando el semental cuenta con los tres años, puede acoplarse con 20 yeguas aproximadamente, a los cuatro, con 60, para que ésto sea posible es primordial que el semental se encuentre en perfectas condiciones y que los acoplamientos se distribuyan adecuadamente a lo largo de la temporada; hay que presentar las yeguas al macho en condiciones de limpieza y tras inspección veterinaria, para que sean cubiertas en el momento óptimo de su ciclo de estro; de esta forma se reduce el número de servicios necesarios del semental. Pueden aparecer problemas especiales en ciertos sementales. En ocasiones, se dilata de forma prematura la extremidad del pene, en animales demasiado excitados, haciendo que sea demasiado grande para penetrar a través de la vulva y entrar en la vagina de la yegua. En tal situación, el guía debe evitar que el semental monte a la yegua y, si ya lo ha hecho, debe tirar de él con fuerza, para evitar que se produzca la eyaculación desplazada del semen, que inutilizaría el servicio. Debe alejarse al semental, hasta que se hayan normalizado las dimensiones del miembro, y puede efectuarse entonces el segundo intento.

Existen sementales que tardan mucho en conseguir la erección y su capacidad para montar es menor. En estos casos es necesario utilizar un poco de astucia y hacer que la yegua se mueva por la zona, para provocar la agresión del macho. Se recomienda suplementar la dieta con cantidades adicionales de vitamina E. Algunas veces encontraremos que determinados sementales rehusarán cubrir algunas yeguas, sin importarles que sean de buena raza, y desearán montar a una pequeña hembra de dudosa ascendencia. Aquí también puede ser de utilidad encelar al semental; muchos de ellos han cubierto a una yegua a la que previamente ignoraban, tras colocarle una manta de colores y ponerla a la luz crepuscular o de la luna.

El trato que se le dé al semental cuando se sienta molesto ante alguna yegua o cuando se encuentre nervioso ante el acto del acoplamiento debe ser muy cuidadoso; ya que en un momento determinado, es posible que el caballo eche hacia atrás las orejas, dar la vuelta, y cocearla violentamente. En ocasiones llegan a morder el cuello de la yegua durante el acto produciendo lesiones en la piel y músculos. La aplicación de un protector almohadillado sobre el cuello protege a la yegua y evita que el dolor la haga saltar o que intente resistirse al momento de la inseminación. Los sementales que se encuentran agotados por el esfuerzo, caen al suelo detrás de la yegua inclinándose sobre las patas traseras de ella. Puesto que en varias ocasiones la hembra cocea, el guía debe retirar al macho con rapidez; entre tanto, el responsable de la yegua debe levantar inmediatamente la cabeza y hacerla girar, para que los cuartos traseros se alejen del semental.

Las precauciones que deben tomarse para evitar que reciban coces los órganos genitales del caballo deben ser muy cuidadas. Los posibles cortes producidos podrían ulcerarle y la curación ser lenta, con lo que el animal quedaría momentáneamente inutilizado; una coz violenta recibida en los testículos puede hacer que un semental se vuelva irreversiblemente estéril.

Los sementales pueden continuar activos hasta su tercera década, sin embargo a consecuencia de la edad cubren un número menor de yeguas. La senilidad aparece cuando ya no procrea, lo mejor es sacrificarlo de forma humanitaria en su propio territorio, antes de que se convierta en una decrépita sombra de su antigua naturaleza, incapaz ya de disfrutar

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