La palabra ciencia, etimológicamente, proviene del latín "scientia", el equivalente del griego "episteme": conocimiento riguroso, metódico, organizado. Remontándonos a Platón, éste diferenciaba entre el saber "episteme" y el saber "doxa".
La doxa, como saber cotidiano, es apariencial, se nos presenta indemostrable e irrepetible en sus datos y preceptos y está en contraposición a la ciencia y al saber verdadero. La episteme, como saber de la ciencia, presenta un doble sistema de referencia: sus "verdades", por un lado, deben ser válidas en la realidad (praxis), y, por otro, deben ser ubicadas dentro de un sistema cognoscitivo. Desde esta concepción del saber, conocer un fenómeno no significa simplemente poder reaccionar ante él, sino conocer la conexión que lo liga a otros fenómenos y captar el lugar que ocupa entre éstos.
Se puede decir que ya desde el principio, el conocimiento científico se plantea como algo que va más allá del conocimiento cotidiano, es decir, pretende alcanzar la esencia y las leyes de los fenómenos y los hechos. Para ello se estructura sobre algunos supuestos (Ander-Egg, 1.983: 30)
- El conocimiento es posible: éste es un principio que da por sentado tanto el hombre común como el científico.
- Existe un mundo objetivo, y la realidad tiene una contextura independiente del conocimiento que el hombre puede tener de ella.
- De esta realidad se puede afirmar algo de sus propiedades estructurales y relacionales, que se captan por una serie de procedimientos y por la imaginación y la intuición del hombre.
- Esta realidad es la base y el punto de arranque del conocimiento. En consecuencia, el conocimiento científico queda acotado al terreno o ámbito de la realidad.
- El conocimiento científico procura establecer una conexión universal de los fenómenos.
- Para que el conocimiento tenga carácter científico, es necesario elaborar instrumentos que garanticen y controlen la validez de los conocimientos adquiridos.
De todo ello se desprende que los conocimientos no aislados, sino incorporados a un sistema, constituyen una ciencia. Ahora bien ¿qué relación se puede establecer entre la ciencia y la tecnología?. Se puede distinguir una secuencia que iría desde la investigación básica a la investigación aplicada y de ésta al desarrollo tecnológico.
La noción de ciencias puras y aplicadas extrae parte de su dureza de una imagen aparecida en el S.III en Occidente: la del árbol de la ciencia de Porfirio.
Según esa concepción, los conocimientos se parecerían a un árbol, en el sentido de que ciertos conocimientos fundamentales formarían el tronco que se dividiría en varias ramas gruesas que, a su vez, se ramificarían abundantemente. De este modo, las preguntas que se plantean en ciencias fundamentales son preguntas de ciencias paradigmáticas (o, retomando la expresión de Khun, "ciencia normal"). Así es como se puede creer que, hasta cierto punto, esas investigaciones fundamentales producen un saber "puro" de toda interacción con la sociedad. Pero, "tal visión es evidentemente parcial, ya que las investigaciones fundamentales se corresponden finalmente también con cierta demanda social y con ciertos intereses" (Fourez, 1994: 143).
Podríamos clarificar los diferentes conceptos en estos términos: Las ciencias básicas se orientan a la adquisición de nuevos conocimientos, responden a demandas internas de la propia disciplina, estudian problemas definidos en el mismo paradigma que domina el campo de conocimiento y los criterios de validez de los resultados los establece la misma comunidad científica.
Las ciencias aplicadas tienen un destino social directo, responden a demandas sociales externas y la validez de los resultados será juzgada por un grupo social diferente al de los investigadores. Finalmente, las tecnologías se consideran aplicaciones concretas dentro de un contexto social determinado. La relación entre estos tres conceptos es dinámica, influyéndose mutuamente. Ciencias y tecnologías aparecen en la actualidad estrechamente vinculadas y en muchos casos resulta difícil determinar qué tipos de desarrollos pueden ser considerados como técnicos y cuáles como científicos. Las diferencias entre Ciencia y Tecnología, siguiendo a Bunge (1981) y Sancho (1994a: 21) podrían resumirse en:
- La tecnología no informa de lo que va a ocurrir, aunque sí de los métodos para evitar o cambiar lo que va a ocurrir.
- La tecnología es más pobre y menos profunda, ya que reduce y simplifica el conocimiento de acuerdo con las necesidades.
- La tecnología estudia variables externas, en tanto que la ciencia estudia variables intermedias.
- La ciencia es un instrumento para el tecnólogo.
- La tecnología busca la eficacia, la ciencia la verdad.
- El científico contrasta teorías mientras el tecnólogo las utiliza.
- La ciencia persigue leyes y la tecnología normas.
