“CERRO JABONCILLO”, SEMILLA HISTÓRICA, PARA LA MAS GRANDE COSECHA TURÍSTICA DE MANABI
lunes, febrero 9th, 2009
Un inminente destino turístico a gran escala permanece enterrado, en pleno centro de Manabí, entre Portoviejo y Montecristi. Se trata del mayor complejo arqueológico del Ecuador y uno de los principales de Sudamérica, enclavado en el cerro Jaboncillo de seiscientos cuarenta metros de altura, además de estar complementado por una vista panorámica impresionante y hermosa, conserva parte de la riqueza ecológica por su variada flora y fauna. Por todo esto, fácilmente se convertirá en el BOOM turístico de Manabí; y el Ecuador aparecerá, ahora sí, en el mapa del turismo arqueológico del mundo. Se trata del centro político de la cultura Manteña que se le ha denominado la “ciudad Sagrada de los Cerros de Picoazá”. Fue el centro adoratorio de esta civilización que ocupó gran parte de Manabí y Guayas y la de mayor población de la costa ecuatoriana a la llegada de los españoles (Emilio Estrada calculó 30.000 habitantes). El área comprende grandes asentamientos prehispánicos, que han sido pocos conocidos a nivel científico, aunque debido a descubrimientos fortuitos, se ha tenido conocimiento de yacimientos arqueológicos en los mismos, a partir de mediados del siglo 19, así se han dado exploraciones en el transcurso del tiempo que determinaron el paso de tres culturas, siendo la última la Manteña. Pero antes habían explorado Manuel Villavicencio, Saville, Francisco Huerta Rendón, Estrada y Gerardo Castro, que han determinado tal como se lo aprecia hasta hoy, la existencia de grandes terrazas, que incluye una de 1.000 metros asentamientos de viviendas, cuyas bases de las casas eran de piedra por lo que en la actualidad es fácil de apreciar estas ruinas. Estas construcciones permiten diferenciar las clases sociales a medida que se va subiendo el cerro, siendo la parte superior la que fue poblada por la elite. Comunitariamente construían pozos de agua totalmente empedrados de diez metros o más de profundidad, elementos que aún perduran encontrándose en la actualidad líquido en estado templado, además, hay restos de por lo menos 600 silos (cámara para almacenar víveres o agua), en conjuntos de decenas repartidos en círculo, cada tres metros y cada grupo separado el uno del otro, cada 30 metros. Cada uno de ellos tiene una dimensión de tres metros de hondo y la misma medida de ancho, en otros casos menos y en otros más, están totalmente enlucidos con piedras y amalgamaza en todo su interior, tienen forma de una vasija porque la abertura en la superficie de la boca es de apenas de unos sesenta centímetros de diámetro, los que eran cerrados con tapas de piedras de formas circular. Se pueden detectar escaleras construidas y pulidas por los propios aborígenes, además de una gran cantidad de restos cerámicos y líticos fragmentados y enteros, también se encuentran muchos entierros aborígenes, todo esto en la actualidad esta cubierto por la tierra y la espesa vegetación, por lo que una vez restaurado será impresionante y majestuoso a la vista del turista. Aún los más ancianos de Picoazá recuerdan que en la parte más alta del cerro había un círculo de sillas de piedra, por lo menos en un número de 30, y que sus padres le contaban que allí existieron cuatro templos de oraciones, cada uno instalado en los respectivos lados de las laderas.