06 Sep 2010 Pablo Neruda - POEMA XX
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05 Sep 2010 Textura Arcorr
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Una noche en el Festival Hippie

Así tan deseada fuíste que confundí
tu límite con prudencias posibles
¡ah, sin que supieras! tú decídiste
amor por una noche y te habría
dado algunos siglos, muchos días.

Sólo tú sabías lo que eres: tal vez
una desvergonzada estrella del deseo,
la pública deidad sobre la arena de la playa.
No tenías que haberlo dicho y separarme.

Me llamaste para que me sirva de tu cuerpo.
Pudo ser cualquiera, pero me elegíste
y jugaste con mi aliento,
con mi piel exterior
y mis asombros.

Me llenaste de calor y alegría,
tú y yo, por vocación elemental y pupilaria,
sin pensar en otra cosa que querernos.

¡Qué hubiese dado porque no me lo dijeras!
Que eres lo que eres, que has amado
a muchos hombres, que sea yo o cualquier otro
te envanece: «¡Al sexo me entrego
cada vez que alguno me lo pida!»

Puede que haya sido difícil,
no ya desde hoy; lo digo fácilmente,
te amé para que no mal entiendas,
pero ya no me gustas. Mariposa de una noche.
Te sobró la confesión innecesaria.

Que no te vuelvo a ver, ténlo por seguro.
Gracias por la música y la noche,
por tus besos y el sexo.

Total, es un festival
de melenudos. Somos jipis oyendo el rock,
festejando el Acuario.
Gracias por todo y regresa a Nueva York.
Yo no puedo irme de casa todavía.

05 Sep 2010 Sharing Dreams my Bffs!!
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Nuestra amistad va más allá de los límites; es pura, verdadera, duradera.
Ha pasado por grandes pruebas y aún así sigue intacta, como en un principio.

No hemos hecho grandes cosas pero sí muy significativas; no hemos recorrido grandes distancias, pero sí por caminos pedregosos.

Y a pesar de todo, del tiempo, de la distancia, de las cosas que no dijimos,
de lo que no hemos compartido, seguimos firmes en un mismo sentimiento.

¡Simplemente...somos amigos...!

01 Jul 2010 Una "dosis de sonrisas"
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1.- Aférrate a tus sueños, y no los abandones jamás!!!
2.- Muéstrale al mundo lo maravilloso que eres.
3.- Confía en las posibilidades de la vida, y no te apresures
a juzgar a los demás.
4.- Confía en la estrella que brilla en tu cielo.
5.- Encara tus      problemas   uno por uno para vencerlos.
6.- Confía en toda tu fuerza interior.
7.- Muestra al mundo la luz secreta de tu alma.
8.- No huyas de aquellos que traen amor a tu vida.
9.- Mira lo bueno en la vida y no sucumbas a las adversidades.
10.- Muéstrate tal como eres, pues tienes cualidades especiales
que te han sostenido hasta ahora, y que siempre te sostendrán.
11.- No pierdas el valor.
12.- ¡Llena tu corazón de felicidad y espárcela en todo lo que hagas!

01 Jul 2010 ♥ Atmósfera de Amor ♥
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¿Qué quiere decir amar incondicionalmente? Normalmente, el amor de hoy es un juego de dar y tomar. Yo doy tanto y tu me das tanto, así equilibramos nuestra relación. Sin embargo, el amor verdadero, que es una cualidad espiritual original del ser, es incondicional; es un dar constante. Es como una fuente de agua que mata la sed, aunque aquel que la utiliza no le de nada en cambio. Amar incondicionalmente significa amar sin esperar el retorno, sin tener expectativas sobre los demás y no querer controlarlos o dominarlos. Cuando hay amor incondicional, se respira una atmósfera de levedad y confianza mutua, sin tensiones o presiones. Y para hacer esto, hay que elevar la autoestima y sentir la propia elevación del ser.

01 Jul 2010 El Manantial de la Luna
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Era una bella noche ilustrada por luciérnagas, cruzando un puente de piedras grises,
se dividía el jardín trasero del castillo lúgubre,
por el lago donde se bañaba la luna,
entre un lado de eucaliptos
y un lado de árboles que sobresaltaban sus cortes de cabello afrodisíaco otoñal,
que dibujaba una tonalidad
tan clara como su misma agua en las mañanas,
por lo que la noche le pintaba un agua asustada, temblorosa, marina, azulada y oscurecida,
pero la luz al final del camino era coloreada por los rizos de la luna
que se iba en las noches a ese lago para ganar espacio entre tantas hadas azuladas y brillantes que
también se veían
en ese tan natural espejo acuífero.

28 Jun 2010 Contador
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contador de visitas
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28 Jun 2010 Me, Myself and I
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28 Jun 2010 El océano de tu vida
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"El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.

Soy un idealista, no sé dónde voy, pero estoy en camino.

La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante.

Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar.

Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree.

La calma absoluta no es la ley del océano. Lo mismo ocurre en el océano de la vida.

No todo en la vida es de un color o de otro. Miren sino el arco iris.

Si tienes la paciencia de la Tierra, la pureza del agua y la justicia del viento, entonces eres libre.

Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.

Las cosas simples son las más extraordinarias y sólo los sabios consiguen verlas.

El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas.

Cuando te vaya bien llévame contigo, cuando te vaya mal no me defraudes

Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el color de los ojos.

Es necesario entender las letras, su profundo significado. Esta es la música del tercer mundo, una bendición, es la noticia cantada, la que no se enseña en la escuela.

El hombre es un universo en sí mismo.

La vida es lo que ocurre mientras pasamos el tiempo haciendo planes

Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.

No hagas con el amor, lo que hace un niño con su globo, que al tenerlo lo ignora, y al perderlo llora...

28 Jun 2010 Arte, bohemia y amor joven
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Miramos libros sobre dadaísmo y surrealismo y terminamos la noche inmersos en los esclavos de Miguel Ángel. Sin palabras, absorbimos los pensamientos del otro y, justo cuando rompía el alba, nos dormimos abrazados. Cuando nos despertamos, él me saludó con su sonrisa torcida y yo supe que era mi caballero.

Como si fuera la cosa más natural del mundo, permanecimos juntos, sólo nos separábamos para ir al trabajo. No hizo falta decirlo; se sobrentendía.

Durante las semanas siguientes, para dormir bajo techo dependimos de la generosidad de los amigos de Robert, en particular Patrick y Margaret Kennedy, en cuyo piso de Waverly Avenue habíamos pasado nuestra primera noche juntos. Dormíamos en una habitación abuhardillada donde había un colchón, dibujos de Robert clavados en la pared, sus pinturas enrolladas en un rincón y mi maleta de cuadros. Estoy segura de que, para aquella pareja, acogernos no fue tarea fácil, porque nuestra situación era precaria y yo era poco sociable. Por las noches, teníamos la suerte de compartir mesa con los Kennedy. Juntamos nuestro dinero y destinamos cada centavo a ahorrar para un piso de alquiler. Yo trabajaba muchas horas en Brentano´s y me saltaba las comidas. Trabé amistad con otra empleada que se llamaba Frances Finley. Era encantadoramente excéntrica y muy discreta. Cuando dedujo mi difícil situación, me dejaba una fiambrera con sopa casera en la mesa del guardarropa. Aquel pequeño gesto me fortaleció y selló una sólida amistad.

Quizá fuera debido al alivio de tener por fin un refugio seguro, el caso es que me derrumbé, agotada y crispada emocionalmente. Aunque jamás cuestioné mi decisión de entregar a mi hijo en adopción, aprendí que dar vida y desentenderse de ello no era tan fácil. Durante un tiempo estuve malhumorada y abatida. Lloraba tanto que Robert me llamaba cariñosamente Empapadita.

Robert tuvo una paciencia infinita con mi melancolía en apariencia inexplicable. Yo tenía una familia que me quería y podría haber regresado a casa. Ellos lo habrían entendido, pero yo no quería volver con la cabeza gacha. Tenían sus propios problemas y, ahora, yo tenía un compañero en quien podía confiar. Se lo había contado todo acerca de mi experiencia; no había forma de ocultarlo. Tenía las caderas tan estrechas que el embarazo me había abierto literalmente la piel de la barriga. Nuestro primer contacto íntimo reveló las estrías rojas que me entrecruzaban el abdomen. Poco a poco, con su apoyo, fui capaz de superar mi honda vergüenza.

Cuando por fin hubimos ahorrado dinero suficiente, Robert buscó un sitio donde vivir. Encontró un piso en un edificio de ladrillo de tres plantas emplazado en una calle arbolada a un paso de la línea de metro de Myrtle Avenue y a poca distancia de Pratt. Ocupaba toda la segunda planta y tenía ventanas orientadas a este y oeste, pero yo jamás había estado en un lugar tan extremadamente sórdido. Las paredes estaban llenas de sangre y garabatos de psicótico, el horno repleto de jeringuillas usadas y la heladera infestada de moho. Robert llegó a un acuerdo con el propietario. Accedía a limpiarlo y pintarlo con la condición de que sólo pagáramos un mes de fianza en vez de los dos estipulados. El alquiler eran ochenta dólares mensuales. Pagamos ciento sesenta dólares para mudarnos al número 160 de Hall Street. La simetría nos pareció favorable.

[...]

Nuestros escasos efectos personales estaban amontonados en el centro de nuestro futuro dormitorio. Dormíamos sobre los abrigos. Las noches en que se recogía la basura, salíamos a la calle y, mágicamente, encontrábamos lo que necesitábamos. Un colchón viejo bajo una farola, una estantería pequeña, lámparas reparables, cuencos de loza, imágenes de Jesús y la Virgen con recargados marcos desportillados y una raída alfombra persa para mi rincón de nuestro mundo.

[...]

No teníamos mucho dinero pero éramos felices. Robert trabajaba a tiempo parcial y se encargaba del piso. Yo lavaba la ropa y preparaba la comida, que era muy limitada. Había una panadería italiana que frecuentábamos, cerca de Waverly. Comprábamos una hermosa barra de pan duro o cien gramos de sus galletas pasadas, que vendían a mitad de precio. Robert era goloso, de modo que a menudo ganaban las galletas. A veces, la panadera nos ponía más cantidad y colmaba la bolsita de galletas amarillas y marrones mientras negaba con la cabeza y nos regañaba con simpatía. Seguramente sabía que aquella era nuestra cena. La completábamos con café para llevar y un cartón de leche. A Robert le encantaba la leche con cacao, pero era más cara y teníamos que ponernos de acuerdo antes de gastar esos centavos de más.

Teníamos nuestro trabajo y nos teníamos el uno al otro. Carecíamos de dinero para ir a conciertos o al cine o para comprar discos nuevos, pero poníamos los que teníamos hasta la saciedad. Escuchábamos mi Madame Butterfly cantada por Eleanor Steber. A Love Supreme , Between the Buttons , Joan Baez y Blonde on Blonde . Robert me dio a conocer sus preferidos ´Vanilla Fudge, Tim Buckley, Tim Hardin´ y su History of Motown fue el telón de fondo de nuestras noches de diversión compartida.

Un día de otoño inusitadamente cálido nos vestimos con nuestra ropa preferida, yo con mis sandalias beatnik y mis pañuelos deshilachados, y Robert con sus collares de cuentas y su chaleco de piel de carnero. Tomamos el metro hasta la calle Cuatro Oeste y pasamos la tarde en Washington Square. Compartimos café de un termo mientras observábamos la marea de turistas, porretas y cantantes folk. Revolucionarios exaltados distribuían pasquines antibélicos. Jugadores de ajedrez atraían a un público propio. Todo el mundo coexistía en aquella constante cacofonía de diatribas, bongos y ladridos de perro.

Nos dirigíamos a la fuente, el epicentro de la actividad, cuando un matrimonio maduro se detuvo y nos observó sin ningún disimulo. A Robert le gustaba que se fijaran en él y me apretó cariñosamente la mano.

-Oh, sácales una foto -dijo la mujer a su desconcertado marido-. Creo que son artistas.

-Venga ya -respondió él, encogiéndose de hombros-. Sólo son unos niños.