Quien ha tenido la oportunidad de ver este macabro relato sin duda conocerá el terror más de cerca al ver como Jacob, veterano de Vietnam, alucina a su regreso a casa (Después de haber sido herido bajo extrañas circunstancias en la guerra) a una serie de demonios que le acechan tanto en la realidad como en sus sueños, viendo como violan a su esposa o lo alejan de ese otro pensamiento que le ronda su cabeza, el de su hijo ya fallecido antes de irse a la guerra.
Lyne construye un relato muy eficaz, expresándose con laconismo y dejando en claro que el thriller psicológico es la base del desarrollo de film, pero que hay algo raro con Jacob, que si bien puede ser predecible debido al conocimiento previo de ese recurso de giro de tuerca tan utilizado a principios de década y finales de la pasada, deja perplejo por igual a toda la audiencia. La actuación de Tim Robbinses de resaltarse y el mensaje espiritual puede traducirse como universal sin la necesidad de abordar ninguna ideología religiosa. Así mismo, destaca que el mencionado giro no tome una fugacidad dentro del metraje, siendo proporcional al tratamiento y delimitación de la historia y del complejo protagonista, el cual se desenvuelve en un juego de conspiraciones políticas y bélicas que bien podría confundir al auditorio y que como es costumbre en este estilo, resulta ser o no, un hilo conductor de la trama que damos como definitorio , pero he ahí donde radica su secreto (Que me privaré de dar spoiler para aquellos que no la han visto). Encima de esto, en realidad estamos ante uno de los ejercicios cinematográficos más tétricos de la historia

