Imagínese usted que se encuentra, por una calle oscura y solitaria en mitad de la noche, a un hombremuy alto, con una amplia complexión física, el pelo muy corto, nudillos grandes y separados (que denotan personalidad agresiva según Conan Doyle), unas manos enormes, con los rasgos de la cara muy marcados, labios anchos y con expresión hierática, con cara de "pocos amigos", vestido elegantemente. Si este hombre se le acerca en esas circunstancias, como mínimo sentiría temor. En ese momento le pregunta: ¿Qué hora es, por favor? Entonces usted se calmaría bastante, y observaría en el rostro de Rachmaninoff una leve sonrisa, casi como la de la "Mona lisa".
A veces, las apariencias engañan. Muchos pianistas necesitan mover mucho su cuerpo para conferir lirismo a sus interpretaciones. Sin embargo otros son como rocas delante de un piano, y a pesar de ello consiguen interpretaciones mucho más profundas y más líricas que los anteriores. Este es el caso de Rachmaninoff, y también de Arthur Rubinstein.
Su música, sincera de por sí, no obedece a tendencias musicales objetivables. Musicalmente, Rachmaninoff no pertenece ni al romanticismo ni al clasicismo ni al post-romanticismo. Siempre se ha tachado a Rachmaninoff de conservador, de anti-novedoso. Todo lo contrario de lo que se piensa: Hay que ser valiente para componer en ese estilo, mientras que hacían ya sus pinitos músicas en lenguajes completamente nuevos. Y es que la dificultad de clasificación de la música de Rachmaninoff dentro de un periodo es totalmente lógica al ser su música tan personal, tan nacida del corazón, que no necesita la utilización de nuevos recursos ni persigue una originalidad en el lenguaje. Aunque podemos decir que su música es típicamente rusa, él siempre argumentaba que nunca se proponía hacer música rusa, sino que su música es así porque él es así.
Rachmaninoff se mostraba siempre muy reacio a revelar su fuente de inspiración. Sobre su proceso creativo, decía estas palabras: "Oigo la música en mi cabeza. Cuando la música para, yo paro de escribir". Una vez contó a un periodista que su inspiración en muchos casos provenía de fuentes literarias o pictóricas. Se sabe que "The isle of Dead" fue compuesta después de observar unas pinturas de Arnold Böcklin con el mismo título. En este mismo pintor se inspiran sus Estudios-Tableau. Pero Rachmaninoff insistía mucho en que sus fuentes de inspiración no eran más que inspiraciones, y no programas previos para desarrollar las piezas, excepto en una pieza: El "diabólico" estudio en La menor Op.39 n.6, uno de los tres que grabó, y que como él mismo le comentó a Respighi en una carta, es la expresión musical del cuento popular de hadas "Little Red Riding Hood", del que también es partícipe la "Sugestión Diabólica" Prokoffiana.
He aqui una muestra del artista:




