
QUERIDÍSIMA AMIGA:
Te escribo esta carta, porque hay cosas de la que es mejor que hable una mujer. Espero no equivocarme al tener la esperanza de que me escuches a mí. Sí, a mí que también soy mujer y que veo con preocupación la dinámica en la que estamos cayendo las mujeres de hoy. Ésta dinámica nos llevará a un final que ninguna queremos y, al parecer, no todas prevemos.
Hemos perdido de vista al modelo de mujer que llena nuestros corazones, y en su lugar hemos puesto al modelo de mujer que nos han vendido. Ése, del que hablan los medios, la televisión, las revistas... y aún, las mismas mujeres. ¿Te has dado cuenta de que nuestro modelo de mujer es la misma Virgen María?, ¿Te gusta? Si no te gusta, es que realmente no has comprendido.
Hablemos de María
Ciertamente y precisamente Dios escogió a María para ser la Madre de Dios, por no tener pecado alguno. Más, sin duda, también por ser una mujer preparada, inteligente, valiente, emprendedora, digna y firme.
María supo seguir a José, apoyarlo y darle su lugar. Como cuando éste, tomó la decisión de huir a Egipto. María no le dijo: - Aquí yo soy la Madre de Dios, y por lo tanto tengo derecho de decidir a dóde vamos mi hijo y yo -. ¿Verdad que eso no suena a María? Tampoco creo que al regresar a tierra de Israel renegara de tener que dejar amistades y una casa establecida.
Y cuando María fue advertida por Simeón de que Jesús sería la causa de caída y ruina para muchos, y que una espada atravesaría su corazón. María no vaciló, fue valiente, no renunció, ni abandonó a su bebé.
Y cuando los reyes magos y los pastores llegaron a adorar al niño, imaginémonos la escena... No creo que María se haya envanecido, ni creído. No imagino que se la pasara hablando de ella, y menos presumiendo de que ella era la Madre de Dios; y de como se la había aparecido un ángel; y de que le dijera que había hallado gracia por parte de Dios... Antes bien guardaba y meditaba todas esas cosas en su corazón y era discreta.
No imagino a María, desesperada, gritona, descontrolada ante las contrariedades de la vida. Era controlada. Más aún, era sabia y reflexiva: cuando Jesús de 12 años, se perdió y después fue encontrado en el templo, María no se puso furibunda ni histérica. No. Sí estaba muy angustiada, pero tuvo la serenidad para preguntarle porqué había hecho eso.
Y siendo María la primer Cristiana no reclamó derecho alguno de tener más presencia entre los apóstoles, predicando al lado de su hijo, o hasta "lidereándolo"; sin embargo ella es Corredentora. No reclamó para sí, honores ni privilegios; en cambio dio gracias y reconoció las maravillas que Dios hizo en su favor (en el Magníficat). Pasó toda su vida en la tierra (como ahora en el cielo) acercando almas hacia su hijo y no hacia ella; decía siempre: -hagan todo lo que él les diga-
La mujer católca tiene dos misiones
* La primera: ser mujer.
Ésta, no la hemos podido escoger. Existimos para esa misión, fuimos creadas explícitamente para ello, y nuestra alma sólo podrá sentirse realizada hasta no haberse desarrollado en plenitud como tal: como mujer.
Sí, mientras reneguemos de serlo o lo despreciemos, lo consideremos inferior, desventajoso, "limitante"... etc. etc. No seremos felices. Así como se oye, y esto no tiene nada que ver con los hombres. Se trata de ti misma y de cómo decidas vivir. Sobre qué modelo sigas.
Hemos de entender de una vez por todas que: somos mujeres, no hombres. Y que quererlo hacer todo igual que los hombres, por pura obsesión o complejo, sólo nos va a frustrar más. Somos diferentes, ¡y en hora buena! Desde el comienzo de la creación, fuimos creadas para ser LA AYUDA ADECUADA (¿qué mayor halago que ese?). Fuimos creadas para ayudar, y no sólo al hombre (lo que no tendría nada de humillante), ayudar así a chicos y grandes, niños y viejos, hombres y mujeres. Viendo siempre, con nuestra naturaleza sensible, primero por los más vulnerables, necesitados o indefensos.
* La segunda misión: ser católica.
Esta misión es grande, pero no de grandeza, sino de plenitud. Y ha de ser asumida como lo que es: una misión. Estando atentas a la doctrina católica que se nos presenta por boca del papa, sus obispos y sacerdotes.
La catolicidad se asume en libertad, y ciertamente implica compromiso. No se vale pues, aceptar solo la parte que conviene a nuestros intereses personales. La parte con la que nos sentimos a gusto, que no toca nuestros vicios ni se mete con nuestras iniquidades. Aquella, con la que nos sentimos "satisfactoriamente buenas y hasta ahí". La mujer católica ha de distinguirse de las demás. Si no ¿de qué le sirve saber la verdad?
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