El mejor mantenimiento que se le puede hacer a un violín es tocarlo todos los días. Es de esta forma como el violín no pierde su sonido con el paso del tiempo y los cambios de temperatura. La caja del violín es muy importante, si es una buena caja, aislará al violín de la temperatura y de la humedad. Hay que tener en cuenta que las cuerdas están hechas de metal, y este se dilata con el calor y se contrae con las bajas temperaturas, provocando que se desafinen las cuerdas del violín (algunas veces pueden partirse al intentar tensarlas de nuevo, especialmente el “mi”).
El mantenimiento del arco es importante. Para que el arco provoque un sonido al ser frotado contra la cuerda, es necesaria una capa de resina. Esta se vende en las tiendas de instrumentos musicales. La frecuencia normal con la se le debe echar resina al arco es cada vez que toquemos el violín. Aunque esto varia un poco, si le ponemos una buena capa (y esto requiere 5 o 6 minutos de frotar cuidadosamente el arco) puede durar varios días. La resina se aplica sobre las celdas del arco, y se extiende por toda la superficie que frota a la cuerda (y también es recomendable aplicar en la otra cara de las celdas). Es importante tensar el arco para que la resina llegue bien a todas las celdas, y también muy importante no tocar las celdas con las manos.
El arco del violín se guarda siempre destensado, con las celdas mirando hacia abajo. Para tocar no hace falta tensarlo en exceso (esto podría provocar que diera saltitos en las cuerdas y también la deformación de la vara de madera que sujeta la estructura). Se puede lavar el arco del violín usando un trapito húmedo, o usando un algodón con alcohol.
A parte del arco, el resto de las piezas del violín no necesitan tanta atención en cuanto al mantenimiento. Es importante mantener el violín afinado, incluso cuando hemos dejado de tocarlo. Así las cuerdas no sufren tanto. Si tensamos y destensamos con frecuencia las cuerdas probablemente tengamos que comprarlas más a menudo que si intentamos mantener el violín afinado. El mi es la cuerda más delgada y si se ha destensado, debido a cambios de temperatura, humedad, etc. es posible que al intentar tensarla para llegar al mi se parta la cuerda.
El violín es un instrumento muy delicado, y su mantenimiento no es nada trivial. Por la parte del puente se produce un polvo al tocarlo (que no es más que la resina que hemos aplicado al arco para que suene). No se puede evitar que se ensucie esta zona del violín. Pero es muy recomendable quitarle el polvo con un trapo suave (que no arañe la superficie del violín) y un producto que no se coma la madera (como la lejía o el detergente). Yo recomiendo usar un algodón con alcohol (alcohol metílico del que cura las heridas).
También las cuerdas del violín se pueden limpiar un poco, aunque no es muy común. Para guardar el violín hay que retirar la almohadilla (en caso de haberla usado) y destensar el arco. Es importante hacer hincapié en guardar el violín afinado, y no dejarlo muchos días sin tocarlo. Si pasan meses, cuando vuelvas a tocarlo probablemente tengas que hacer labores de restauración a tu violín.
Por último, cuando el violín está ya situado dentro de la caja. Hay que tener cuidado con la caja donde va el violín guardado, no es recomendable que sufra golpes o caídas. Los instrumentos de cuerda son muy delicados, especialmente el violín. Tampoco se debe colocar la caja de forma que el violín este boca abajo. Realmente sólo hay tres lados en los que puedes recostar la caja (y normalmente vienen indicados por las piezas metálicas que protegen la tela de la superficie de apoyo).










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