La lluvia y las tormentas que llegaban para la final del domingo, en el Roland Garros, ayer cayeron sobre París y su área metropolitana casi con la misma intensidad que la derecha cruzada de Rafael torturó en la finalísima el revés de Roger Federer.
Así, y preciso de tiempo antes de tomar en la Gare du Nord el tren Eurostar para Londres, Rafael Nadal desembarcó en Disneyland-París, en Marne-la-Vallée. Acompañado iba, por sexta vez desde 2005, de la Copa de los Mosqueteros: el trofeo del campeón en los Internacionales de Francia.
El sexto título alzado ante la algarabía de la gente de la Philippe Chatrier, a la que Nadal no hace mucho más caso, trae recompensas además del trofeo y los premios. Aparte de quitar presión a Rafa (que ha ganado "su torneo" y "ha salvado la temporada", según su tío Toni), la corona de Roland Garros lo mantiene a Nadal como número uno de la ATP al menos hasta que termine Wimbledon el próximo 3 de julio. Lo que pase en el All England aclarará más el camino. Algo hay seguro: al sumar 102 semanas como líder (ésta es la 99), Nadal adelantará a Agassi y será el séptimo jugador histórico con más semanas como número uno.

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