La Santay vale la pena
La verdad sí. Vale la pena ir aunque no están bien definidos sus sitios de visita, aunque sus senderos no han sido del todo acondicionados, aunque existe poca interpretación ambiental, aunque no hay muchas actividades para realizar. Vale la pena por muchas cosas: los guías hacen la experiencia enriquecedora, está cerca, es tan diferente a Guayaquil, es una oportunidad para pasear en bote, está ordenada, limpia, verde y además sus habitantes son muy amables.
El paseo duró aproximadamente 3 horas y media porque éramos muchos (45 en total, mis alumnos y yo) y además fuimos a hacer una investigación de campo. La Isla está a cargo de la Fundación Malecón 2000 y la entrada cuesta USD 1,00 por persona. De los ingresos un porcentaje es para solventar gastos administrativos de la Fundación y otro porcentaje es para el guía. El transporte fluvial con una operadora local costó USD 5,00 por persona. Allá nos atendieron dos guías comunitarios capacitados y acreditados por el Ministerio de Turismo: Don José y Doña Elsa quienes nos contaron historias de aparecidos y nos recitaron amorfinos. Después de eso regresamos a la ciudad cansados y contentos.
La verdad es que vale la pena que no nos olvidemos de ella, ni de todo lo que se puede y se podría hacer ahí.








