
Una noche en el Festival Hippie
Así tan deseada fuíste que confundí
tu límite con prudencias posibles
¡ah, sin que supieras! tú decídiste
amor por una noche y te habría
dado algunos siglos, muchos días.
Sólo tú sabías lo que eres: tal vez
una desvergonzada estrella del deseo,
la pública deidad sobre la arena de la playa.
No tenías que haberlo dicho y separarme.
Me llamaste para que me sirva de tu cuerpo.
Pudo ser cualquiera, pero me elegíste
y jugaste con mi aliento,
con mi piel exterior
y mis asombros.
Me llenaste de calor y alegría,
tú y yo, por vocación elemental y pupilaria,
sin pensar en otra cosa que querernos.
¡Qué hubiese dado porque no me lo dijeras!
Que eres lo que eres, que has amado
a muchos hombres, que sea yo o cualquier otro
te envanece: «¡Al sexo me entrego
cada vez que alguno me lo pida!»
Puede que haya sido difícil,
no ya desde hoy; lo digo fácilmente,
te amé para que no mal entiendas,
pero ya no me gustas. Mariposa de una noche.
Te sobró la confesión innecesaria.
Que no te vuelvo a ver, ténlo por seguro.
Gracias por la música y la noche,
por tus besos y el sexo.
Total, es un festival
de melenudos. Somos jipis oyendo el rock,
festejando el Acuario.
Gracias por todo y regresa a Nueva York.
Yo no puedo irme de casa todavía.

