HOMBRES EN EL BALLET
A veces es criticado la decisión un niño, adolescente u hombre de que quiera pertenecer a un cuerpo de baile o simplemente asistir a clases de ballet. Es criterio de cada persona pero en realidad la danza no tiene por qué perjudicarlos. Así como lo típico el color rosa es de niña y el azul de niño, eso ya no es del siglo XXI. Todos tienen derecho a elegir lo que les hace feliz y los fortalece, y el ballet combina el arte con el deporte. Una muy buena opción para quienes les gusta disfrutar y despejarse un poco del estrés del colegio, de la universidad, de la vida cotidiana.
Y hay quienes dicen que los bailarines somos masoquistas porque disfrutamos del dolor, y es que ese es el éxito: si te duele, entonces lo estás haciendo bien. Necesitas del dolor para sentir el placer de estar perfeccionando un paso o una posición. El ballet es visto como lo más cercano a la perfección.
También está comprobado de que las bailarinas bailan mucho mejor en los escenarios cuando tienen como compañeros a los hombres. Así que ellos son importantes, y aunque pocos son los valientes que se atreven a ingresar a este maravilloso mundo de la danza, sé que existen millones de hombres que están preparándose para ser mejores día a día.
Homosexual, marica, gay, son algunos de los apelativos que con frecuencia se escuchan al referirse a los hombres que practican ballet, oficio por cierto de bastante exigencia física y mental, que para cualquier deportista de alto rendimiento sería de digno respeto.
En pleno siglo XXI el tabú de ver a un hombre en trusa y baletas aún causa estupor en la comunidad en general, efecto que se vive con mucha más intensidad en América Latina. El machismo y la ignorancia de esta sociedad admiten que sus hijos practiquen deportes que a la vista de todo el mundo son “pa´machos”, fútbol, lucha, boxeo, artes marciales etc. Pero cuando a temprana edad ven algún indicio o curiosidad por involucrarse en el mundo de la danza, el primer pensamiento que viene a la cabeza de los padres es un cuestionamiento sobre la sexualidad de su hijo, enseguida el recriminar este gusto y por último la prohibición de tal actividad que ante los ojos de familiares y amigos es considerado como deshonroso para las costumbres tradicionalistas de la familia latina.
Dentro del ballet, los hombres juegan un papel fundamental, sus espectaculares giros, sus vueltas en el aire, y grandes saltos, entre otra serie de pasos, son indispensables para lograr una armonía perfecta en la danza, que según los maestros experimentados, no pueden hacer las mujeres. El hombre tiene que verse liviano pero a su vez fuerte y masculino, es el soporte para la mujer quien tiene que verse estilizada, fina, esbelta y delicada.
La participación actual de los niños y jóvenes en las academias es visible, pero detrás hay una realidad de rechazo marcada principalmente por la familia.
Aquí les dejo un reportaje de unos bailarines ecuatorianos, que actualmente son parte del cuerpo de baile del reconocido Teatro Centro de Arte; que también tiene su escuela de ballet, a la que pertenezco, "Inge Brückmann".


