CRÍTICA POST-TERREMOTO EN MANTA.

 

De zona cero a destino azul.

Voy a decirlo sin ambages y aunque más de uno se ofenda: Tarqui, concretamente la Zona Cero, antes del terremoto ya era una zona de desastre cuyo eje –el mercado y sus calles adyacentes- atentaba visual y olfativamente contra quien se atreviese a compartir espacio no solo con cientos –quizá miles- de vendedores informales de toda laya sino con cucarachas, moscas, ratas, perros, prostitutas, ladrones, sicarios y politiquillos que deambulaban a su alrededor.
De modo que lo que hoy denominan zona cero era ya una zona de terror, un pequeño infierno en la tierra, una bomba de tiempo a punto de explotar.
Pero no siempre fue así: desde su nacimiento hasta aquél invierno en que el río Burro destruyó su playa, Tarqui fue uno de los mejores y más concurridos sitios turísticos del país. Un paraíso cuya hospitalidad y belleza terminó destruida no tanto por la naturaleza sino por la acción contaminante del hombre y, sobre todo, por la corrupta inoperancia de su autoridades municipales.
Autoridades que no son capaces de mover un solo dedo ni siquiera ahora que tienen la oportunidad de aprovechar la catástrofe del 16 de abril y, transformándolo todo, convertir a Tarqui –con la solidaridad del mundo- en un destino azul.

Malecon de Tarqui, allá por los años 60
Malecón de Tarqui, allá por los años 60

 

 

Calle 104, en Tarqui, pocos días después de la sacudida del 16 de abril del presente año.
Calle 104, en Tarqui, pocos días después de la sacudida del 16 de abril del presente año.