PAULA

“A veces una ciudad es como el cuerpo de una mujer” Hermes Farías.

Paula fue alguna vez una mujer atractiva, luminosa y saludable que rebosaba optimismo y alegría. Que andaba de fiesta en fiesta, atrayendo miradas, encantando a medio mundo.
Pero en los últimos tiempos Paula no es más que un cuerpo atrapado por una enfermedad que la va degradando con saña. Que la va pudriendo con lentitud sin que ella parezca consciente de lo que le pasa. Sin que se dé por enterada de que tiene un organismo cubierto de úlceras, saturado de purulencias, de endemias y epidemias. Que exhala un olor putrefacto que es captado por todos aunque se mantengan un tanto alejados de ella.
Con Paula no hay necesidad de afinar el olfato para entender que los fermentos no perdonan a nada ni a nadie. Que la descomposición de moléculas bioquímicas en el interior de su organismo engendra gases que pueden acumularse, o explotar, o terminar convertidos en desechos que, como no puede controlar su esfínter, serán desfogados sin que se percate del espectáculo visual que nos brinda.
Ahora, en los últimos tiempos, a Paula los cabellos se le han empezado a desprender al mínimo viento, se le inflaman los labios, se le distienden los párpados y los globos oculares se proyectan hacia el exterior otorgando un horrible aspecto al rostro, mientras por sus comisuras mana un líquido negruzco y por otras cavidades corporales se desprenden emanaciones espumosas y amarillentas.
Y dicen los entendidos que la culpa de todo es de quienes la han hecho suya. De todos aquellos que la han poseído y explotado de manera oficial o como amantes. Y que los dos últimos, sin que nadie acierte los motivos, se han negado a realizarle las operaciones necesarias.
Que se han limitado a embellecerla por fuera aunque por dentro esté pudriéndose. Que no han suprimido ni el mal de Paula ni sus causas. Y, así, el mal resurge siempre porque sus causas persisten. Y porque los remedios aplicados la curan de momento pero no previenen la dolencia. Porque aún con las vacunas, otras enfermedades análogas continúan haciendo estragos.
Quizá Paula requiera otros hombres y otros esfuerzos.

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