MANTA Y EL CONSEJO DE LA JUDICATURA

Luiggi nació en Portoviejo y su niñez la viviò no solo en una pobreza extrema sino en la orfandad y en las calles. Con el tiempo -y gracias a su temple y, probablemente, buenas acciones- terminò convertido en ciudadano estadounidense y dueño de un par de empresas de servicio automotriz, allà en Nueva York. Cuando supo del terremoto del 16 de abril, volò de inmediato a Manta con el ànimo de ayudar a los damnificados. Hizo cien donaciones en dinero en efectivo a personas de la zona cero. El viaje lo aprovechò tambièn para construirle una nueva casa a su madre, a la cual habìa encontrado despuès de una larga bùsqueda de años. Y para realizarse una prueba de ADN que comprobara que un niño que le endilgaba una mujer con la cual habìa tenido una aventura en una de sus múltiples vacaciones en su paìs natal -y al cual pasaba una pensiòn- era suyo. Efectivamente lo era. Y Luiggi, feliz de que asì fuera llegò a un acuerdo con la madre: Luiggi se harìa cargo de la educaciòn y el mantenimiento total del niño, al cual llevarìa a los Estados Unidos para que se convirtiera tambièn en ciudadano norteamericano. La madre hizo los tràmites para desistir de una demanda de alimentos que habìa hecho tiempo atràs. Y aquì viene lo insòlito, lo absurdo lo inhumano, lo estùpido. La jueza a la cual le tocaba dictar la suspensiòn, pasò por alto la ley y dictò el arraigo de Luiggi, convirtièndolo en un prisionero ambulante. Aùn en contra de la voluntad de quien lo habìa demandado. Y quien no solo retirò dicha demanda sino que ahora lucha junto a Luiggi porque a èl se lo deje en libertad plena y pueda volver a los EEUU donde èl està enfrentado una serie de problemas laborales y legales por su obligada permanencia en el Ecuador y que lo ha llevado a perder decenas de miles de dòlares y juicios por incumplimiento. Ayer viernes, quien ejerce de Jueza en este caso, debiò fallar a favor no solo de esta pareja sino del niño que procrearon juntos. Pero dicha jueza, una vez màs, mandò la ley al tacho de la basura y abandonò la sala, contra toda lògica y toda ley, en medio de la audiencia. Y Luiggi, un hombre solidario, y buen padre, continùa en prisiòn ambulatoria por el capricho de alguien que no està apta para administrar justicia. Ojo, Consejo de la Judicatura.

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