Desde el principio (Cuento)

“Estos son los sueños de Hans…” empezaba el diario de aquel niño que se refugiaba en él para huir de su trágica existencia. Miles de sueños plasmados en aquel pequeño libro que sabía que no se podrían cumplir si no terminaba con el autor de todas sus tragedias. Día tras día, crecía su ansia de acabar de una vez y para siempre con ese pobre infeliz merecedor únicamente de la muerte.

Desde el principio había intentado amarlo, pero lo único que recibía a cambio eran insultos. Con cada expresión de cariño que le profesaba, retornaba un gélido gesto de indiferencia. Esto era lo mejor que había recibido de este individuo: indiferencia.

Crecía sabiendo que no podía contar con él, pero aún así sus intentos de cambiarlo no cesaban. Tarjetas, abrazos, sonrisas, por lo que recibía insultos, golpes y un sinnúmero de miradas que lo hacían sentir culpabilidad por aquella antigua pérdida. Aunque se juraba una y otra vez que no tenía la culpa, siempre estaba ese señor para contradecirlo. De este modo, en su pequeño corazón, iba surgiendo un profundo sentimiento de odio ante todo lo que le rodeaba.

Cada amanecer intentaba terminar con este sentimiento que le producía tristeza y desolación, pero no hallaba forma de hacerlo. Trató refugiándose en el colegio, pero recibía lo mismo que en su hogar. Se sentía una basura, producto de un hogar sin madre y con un remedo de padre, cuyo único objetivo parecía ser recordarle a su hijo que tenía la culpa de su desdichada vida.

De este modo llegó su decimoquinto cumpleaños. No esperaba ningún tipo de celebración, ni siquiera que alguien lo recordará. Pero esto no significa que esto no fuera otro motivo para desear la muerte. Ese día transcurrió sin diferencia al resto… aparentemente. Bajo la oscuridad de la noche se sumió en sus pensamientos; sólo buscaba paz, pero todo lo malo se abalanzaba sobre él, intentaba huir, sin embargo en el fondo, algo le decía que se dejara llevar; decidió que todos los malos recuerdos poblaran su mente, se llenó de tristeza, rencor, miedo y venganza. Había tomado una decisión: terminaría con la vida de quién había empezado todo eso. Agarró un cuchillo y se dirigió hacia su dormitorio. Iba resuelto a acabar con él. Abrió la puerta y quedó helado al ver esa escena espantosa ante sus ojos: el hombre que lo atormentaba, quien lo había engendrado, a quien alguna vez había amado, yacía sobre su cama con la mirada en blanco, con la fotografía de quien hubiere sido su mujer sujeta en sus manos ensangrentadas. Hans cayó al suelo sobre sus rodillas, muchas emociones recorrían su cabeza, incluso una que no había pensado sentir en esos momentos, una que pensó haber perdido años atrás, amor. Aunque nunca fue correspondido su amor, él lo seguía sintiendo, pero ahora era más doloroso, porque nunca más iba poder ser correspondido.

Luego de horas, arribó la policía gracias al llamado de un vecino que había escuchado gritos de desesperación unidos a sollozos de un alma sin consuelo. Encontraron a Hans llorando en la puerta de la habitación donde reposaba el cadáver de un suicida. Hans fue enviado a un orfanato hasta que cumpliera la mayoría de edad.

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