Staycation es el término en inglés para referirse a las vacaciones en casa o en lugares que están cerca de casa. Viene de una combinación entre las palabras en inglés stay= quedarse y vacation= vacaciones. ¿Quizá en español sonaría algo así como quedaciones? En fin, ese no es el punto. El punto es que las staycations son una práctica social que se ha popularizado enormemente en países desarrollados como Estados Unidos, Reino Unido y Australia gracias a las crisis económicas que han venido azotando a estos países en los últimos años. En Estados Unidos el 2008 fue un año marcado por las medidas económicas de austeridad y por el surgimiento de esta nueva forma de turismo… que es en realidad una forma de no-turismo. ¿Loco, verdad?
No tanto. En días pasados, el partido de oposición para las próximas elecciones de Australia lanzó una campaña para promover staycations entre ciudadanos australianos como un ejemplo de la política turística que seguirían si ganan las elecciones. Política que busca recuperar parte de los 5 billones de dólares que los australianos gastan en el extranjero cada año cuando se van de vacaciones. Pero no sólo políticas gubernamentales promueven staycations, también la empresa privada en países como Reino Unido promociona el turismo nacional como una forma de ahorrar dinero en tiempos de crisis y recuperar el patrimonio natural y cultural. Ciertamente los organismos nacionales de turismo de países receptores como el nuestro deben mantenerse atentos a cómo nos afecta una tendencia como esta (VisitBritain viene midiendo el fenómeno desde el 2008). Digo, si todos promueven esto de quedarse en casa, ¿quién nos va a visitar?
En todo caso, ese tampoco es el punto. El punto es que el ecuatoriano promedio, a diferencia de la gente en países desarrollados, nunca ha tenido dinero suficiente para viajar cada año al extranjero. En otras palabras, los ecuatorianos hemos venido haciendo esto de las staycations desde siempre*. Y aparentemente, lo hemos venido haciendo mal. Y ahora voy a explicar por qué.
Las staycations significan estar de vacaciones en nuestra propia ciudad (o país). Si estuviéramos visitando una ciudad en el extranjero, ¿qué haríamos? ¿Ver tele? No creo. ¿Quedarnos en la cama todo el día? Para nada. ¿Salir y conocer y aprovechar nuestro tiempo ahí? Definitivamente. ¿Ven el punto? Staycations son un cambio de actitud hacia nuestro entorno. Un cambio de actitud con respecto a nuestra cotidianidad. ¿Qué tal visitar ese museo al que nunca hemos ido? ¿Qué tal visitar los sitios turísticos concienzudamente, tratando de entender el significado de los sitios históricos, edificios, munumentos y calles, tal como lo hacemos cuando estamos en el extranjero? ¿Qué tal hacer el esfuerzo de salir cada uno de los días de nuestro staycation y hacer una de las actividades que nuestra ciudad nos ofrece? Y claro, combinar esto con otros días de descanso en casa y no hacer nada.
Aquí unos tips:
- Planear un día de inicio y un día de finalización de las staycations, igualito que si nos fuéramos a otra parte.
- Planear actividades para cada día y por adelantado. Visitas locales, museos, parques, lo que ustedes quieran.
- No revisar el mail del trabajo y conectarse a la computadora por tiempos limitados – como si se estuviera pagando por el servicio en un hotel o un cybercafé.
- Dejar los arreglos en casa y las tareas domésticas para otro momento. ¿Quizá separar un par de días para eso antes o después de nuestras staycations?
- Usar nuestro entorno. ¿Qué tal un picnic en nuestro propio patio? Divertido y ambientalmente responsable.
- Y lo más importante, tener la mente abierta a conocer y sorprenderse de lo interesantes que son nuestros propios espacios.
¿Alguien tiene alguna otra idea? Yo, francamente necesito tener staycations en Guayaquil. Me da vergüenza admitirlo pero nunca he visitado Manglares de Churute, por ejemplo.
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*Para los que les interesa la parte conceptual. Staycations sería una combinación entre turismo doméstico (visitas a otros lugares del país de residencia habitual, según la OMT, 1994); más lo que Boullón, Molina y Rodríguez (1984) llaman recreación – visitas de día a lugares cercanos sin el interés de pernoctación en el destino; más algo así como no-turismo, es decir, quedarse en casa durante las vacaciones.
Hoy he estado pensando en cómo las políticas del gobierno de la Revolución Ciudadana, el Plan Nacional del Buen Vivir y la nueva Constitución del Ecuador reflejan un interés en la inclusión, participación e inversión social, en el fomento a la igualdad de género y en la protección de la pluriculturalidad. Y en lo que esto significa para el turismo.
Sin adentrarnos en juicios de valor sobre la política gubernamental actual y sobre todo sin afán de discutir ideologías (ese no es el alcance ni el objetivo de este espacio), sí me gustaría discutir lo que podría ser el turismo de la revolución ciudadana y las oportunidades que esto representa. ¿Por qué? Porque las políticas del Ministerio de Turismo de un gobierno elegido democráticamente deberían reflejar plenamente la ideología y los lineamientos generales de la política gubernamental. En otras palabras, si el gobierno es de izquierda, las políticas que guíen la planificación del turismo también deberían ser de izquierda. ¿Por qué? Sencillamente por cuestiones democráticas. Porque esos son el gobierno y la ideología elegidos democráticamente por el pueblo ecuatoriano.
¿Cómo sería el turismo de la revolución ciudadana? Entre otras cosas se me ocurre que podría garantizar el acceso al descanso, el viaje y la recreación a la mayoría de los ecuatorianos. No sólo a través de la construcción de infraestructura en la que los políticos de turno puedan poner una placa con su nombre, no. Estoy hablando de políticas oficiales de turismo social y mecanismos de aplicación relacionados al IESS, o al Ministerio de Inclusión Económica y Social, por ejemplo.
Otro punto que promueve la inclusión social es el fomento a microempresas e iniciativas de turismo comunitario. No a través de la elaboración de productos turísticos por parte del gobierno – en mi opinión eso no le compete, la competencia del gobierno es gobernar, no producir bienes para el consumo – sino a través del fomento de redes productivas entre pequeños, medianos y grandes empresarios. Los medianos y grandes empresarios están dispuestos, siempre y cuando los pequeños mejoren la calidad de sus productos. Aquí la capacitación en cuestiones prácticas como el uso de las tecnologías de información, contabilidad y negocios son mucho más necesarias que la capacitación en turismo.
La aplicación del Reglamento para el registro de los Centros Turísticos Comunitarios (2009) es esencial y urgente en este proceso de inclusión productiva. Es una forma de legitimar el turismo comunitario con la finalidad de que el sector privado deje de percibir estas iniciativas como informales y fuera de la ley. Es un punto de partida fundamental para homogeneizar las reglas del juego e inducir al diálogo entre los diferentes actores sociales del turismo ecuatoriano.
Por otra parte, el objetivo 1 del Plan Nacional del Buen Vivir consiste en “auspiciar la igualdad, cohesión e integración social” en el Ecuador con enfoque de igualdad de género. Simultáneamente se percibe al turismo como un instrumento de empoderamiento de la mujer según el último reporte de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de Turismo (2011). En este preciso instante la OMT necesita proyectos que aterricen la agenda de las Naciones Unidas y generen conciencia sobre la mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres en el turismo. Ecuador podría tomar la batuta y ser un ejemplo mundial en este sentido, de la misma forma en que años atrás lideramos iniciativas de ecoturismo y turismo comunitario.
Por último, se podría mejorar la participación social en la toma de decisiones a través del incentivo a la conformación de organizaciones de gestión de destino que reflejen y representen a los diferentes actores sociales y sectores productivos en un marco de igualdad, de diálogo y sobre todo, de intercambio de información para el trabajo articulado… Eso es una forma de participación social en la toma de decisiones y políticas públicas como lo establece el artículo 96 de la Constitución. Eso sería una verdadera revolución democrática en el turismo de nuestro país.
El gobierno de la revolución ciudadana representa oportunidades en relación con el acceso al descanso y fomento a la movilidad de los ecuatorianos, inclusión social y de género, oportunidades de redes de producción y participación social en la toma de decisiones. Un turismo más justo, más ético y más democrático. Nada es nuevo, en realidad. Estoy segura de que muchos puntos coinciden al menos en la práctica con algunos esfuerzos que han estado o están en ejecución. Sin embargo es la política general del Ministerio de Turismo (el Turismo Consciente) y las acciones para programadas para el 2012 las que a mi parecer, pueden sintonizarse mejor con la política del gobierno a través de un discurso homogéneo que establezca de una manera clara y articulada hacia dónde se está apuntando.
Esta semana fui al World Travel Market que se realiza todos los años en Londres. Fui especialmetne a ver la presentación sobre el Global Report on Women in Tourism elaborado por la Organización Mundial de Turismo (OMT) en el 2010.
Entre los conferencistas estaba la Ministra de Turismo de Paraguay, Liz Cramer, quien muy abiertamente lamentaba que en su país la percepción del rol de las mujeres en turismo ha sido tradicionalmente vinculada a los Reinados de Belleza. Como escribí antes, lo mismo aplica para Ecuador y probablemente para otros países en desarrollo. Por otro lado, ella misma es la prueba viviente de que esa percepción está cambiando. El documento de la OMT encontró que el 20% de los ministros de turismo alrededor del mundo son mujeres y es mucho más probable que una mujer lidere turismo antes que cualquier otra cartera de Estado. Sin embargo, las (pocas) mujeres en posiciones de liderazgo siguen ganando de 10 a 15% menos que sus colegas hombres.
Aún cuando hay más mujeres que hombres empleadas en el sector turístico en el mundo, el tipo de trabajo que realizan está marcado por estereotipos de género. En otras palabras, por machismo, o por sexismo. En las líneas aéreas por ejemplo, las áreas de venta, counter y auxiliares de vuelo están dominadas largamente por mujeres. Mientras, el 95% de los pilotos de aerolíneas comerciales son hombres. Aún más alarmantes son las cifras y los casos de explotación, tráfico de mujeres y acoso sexual directamente relacionados al sector turístico. Algo que ha sido tradicionalmente tolerado (y fomentado) por la industria, según este interesantísimo reportaje de The Guardian.
El Secretario General de la OMT, Taleb Rifai, enfatizó en su intervención que el problema no es solamente una cuestión de ética y de género, sino de derechos humanos: en su intervención comparó el necesario despertar de las mujeres en el turismo con las revoluciones que se dieron en la primavera árabe y que se siguen dando en el mundo a través de diversos movimientos sociales. Según Rifai, los retos de la OMT están orientados a hacer conciencia del papel igualitario de las mujeres en el empleo, así como a promover las microempresas turísticas y las cooperativas de mujeres organizadas. Luego, un par de mujeres de países en desarrollo hablaron de sus dificultades para acceder a préstamos y obtener permisos para sus negocios turísticos. “El problema son los estereotipos – decía Zainab Ansel, una emprendedora de Tanzania – la gente no creía en mi negocio porque soy mujer. La gente no creía que yo podía llevar a mis turistas a escalar el Kilimanjaro”. Al final la sala que estaba repleta estalló en aplausos.
Justo después de la charla, fui a visitar el stand de Ecuador. La Miss Ecuador en Reino Unido era la anfitriona de nuestro stand (que por cierto estaba prácticamente sola). Nuestra reina de belleza recibía a los visitantes vestida de garota y alegremente posaba para tomarse fotos con los hombres que le pidieran. No sé qué opinen ustedes, pero a mi, francamente, me dio vergüenza.
Como todos los años, el Dr. David Edgell, autor de Tourism, policy and planning (2008), ha hecho su lista de los aspectos importantes del turismo mundial a tomarse en cuenta para el año 2012. Probablemente los primeros sean algo obvios, pero en mi opinión los últimos se van poniendo más interesantes. Vale destacar que el Profesor Edgell es un académico estadounidense y a pesar de que hace su lista con contribuciones de académicos de diferentes partes del mundo, yo estoy segura de que la lista vería distinta si se hiciera aquí en el Reino Unido.
En todo caso, me gusta que el autor cambió la redacción original del punto 10, donde se hablaba de la importancia de tener modelos de planificación generales para comunidades y países. En la lista revisada (ver abajo) más bien se habla que la planificación turística debe de fortalecer liderazgos locales. Tiene razón, los modelos de planificación turística a veces se aplican sin tomar en cuenta las necesidades del destino. ¿Qué opinan ustedes? ¿Les llamó la atención algún tema de la lista?
Fuente: David L. Edgell Sr., PhD
Professor of Tourism, East Carolina University
Department of Hospitality Management
Research Scholar, Center for Sustainable Tourism
Septiembre de 2011
Se escribe mucho acerca del turismo como mecanismo de inclusión social. Quienes estamos ligados a la actividad probablemente hemos leído acerca de cómo el turismo puede ayudar en la eliminación de la pobreza y en la disminución de la brecha social. El turismo social y el turismo solidario son ejemplos de como se puede promover una sociedad más justa y más tolerante a través del viaje. De hecho la paz, tolerancia y comprensión mutua son seguramente los temas más repetidos en el Día Mundial del Turismo desde 1980.
Sin embargo poco se habla del turismo como política de exclusión y ahora lector, le voy a poner un ejemplo. Si usted está ligado a la actividad turística quizá participó en algún taller, conferencia o congreso donde el presentador dijo algo que sonaba más o menos así: ‘Nuestro objetivo para el destino X es captar turistas de calidad que inyecten las divisas necesarias para nuestro desarrollo’. En estos casos, turistas de calidad es una forma educada de decir turistas con cierto estatus social y poder adquisitivo (que conste que hay otras formas de entender el término). A los pobres no los queremos en nuestro destino ¿verdad? Sólo hacen uso del territorio, no consumen y molestan a los locales suele ser el dicurso… en otras palabras son turistas de poca calidad. Eso, mi querido lector es un ejemplo de cómo las políticas del destino pueden convertirse fácilmente un mecanismo de exclusión social.
Ahora si usted como yo, es ecuatoriano, seguramente cada vez que piensa en viajar a algún país que no sea Ecuador le pasa lo mismo. Nada de emocionarse pensando en el destino o en las actividades que se podrían hacer, no. Primero hay que pensar en la en la visa y en los documentos que nos van a pedir esta vez. Si bien es cierto que Ecuador no le pide visa a absolutamente nadie que se quede en nuestro país por menos de 90 días, a los ecuatorianos casi todos los países nos piden visa de turista.
Ahora que necesito una semana de vacaciones estoy pasando nuevamente por el fastidioso trámite de probar que soy una persona honorable con suficientes medios para hacer turismo. Certificados por aquí, cartas por allá, fotos mirando de frente (sin sonreír, por favor) y lo más importante, estados de cuenta y/o certificados de ingresos mensuales. Documentos que probablemente no le enseñaría ni a mi mejor amigo. Y luego pararse frente a una ventanilla, entregar todo, responder a las preguntas denigrantes con una sonrisa. Quizá consiga la visa, pero los ecuatorianos sabemos que ahí recién empieza la cosa. Después nos toca enfrentarnos a los agentes de migración.
En todo caso, la visa de turista es otro ejemplo de exclusión social a través de las políticas del destino y es una forma de limitar la libre movilidad de los individuos. Si lo queremos ver así, los ecuatorianos en general, todos los ecuatorianos, somos turistas de poca calidad en el panorama mundial. Sería bueno preguntarnos a qué nos sabe antes de tratar de aplicar políticas similares de exclusión cuando planificamos destinos dentro de nuestro país.
Ciertamente a veces el turismo no es de todos.
Como algunos de ustedes saben estoy haciendo mi tesis doctoral y viajé a Ecuador a finales de febrero para recoger mi información de campo. La tesis se enfoca en la gobernanza del sistema turístico de Santa Elena y para eso apliqué entrevistas y encuestas a diferentes actores sociales del turismo en toda la provincia, especialmente en las comunas que tienen ya una actividad turística establecida.
Así que hice base en La Libertad y desde allí recorrí una y otra vez la recientemente ampliada vía costera hasta La Entrada de norte a sur y de sur a norte buscando a mis informantes, la bellísima carretera E15. ¿O debería decir la Ruta del Sol? ¿O la Vía del Pacífico? ¿O la Ruta del Spondylus? No estoy diciendo que solo debería existir una, ya que los alcances geográficos de las tres vías son distintos (si no me equivoco la Ruta del Sol va desde Salinas hasta el sur de Manabí, la Vía del Pacífico va desde Mataje en Esmeraldas hasta Salinas y la Ruta del Spondylus incluye toda la Vía del Pacífico, más la Provincia costera de El Oro, más el norte de Perú). Sin embargo, sí debería haber una señalética coherente que ayude al viajero a llegar a su destino, especialmente para el tramo de carretera en que todas las rutas parecen coincidir, que es la vía costera de la provincia de Santa Elena.
Puede ser que los turistas nacionales ya estemos acostubrados a lidiar con la desinformación en nuestros viajes por tierra (además hay que admitir que los ecuatorianos preferimos mil veces bajar la ventana del carro y preguntar a los transeúntes antes que leer los letreros o buscar direcciones en un mapa); pero francamente si fuera una turista extranjera, hubiera dejado esta tierra linda sin saber a ciencia cierta qué fue lo que visité. Y si no, veamos las fotos de la señalética existente en este momento.
Hemos oído que el turismo es el futuro del Ecuador muchísimas veces y su significado en el discurso oficial siempre encierra optimismo: creemos en esto y lo vamos a apoyar. Quienes oímos la frase percibimos que tenemos mucho por hacer y que hay que poner manos a la obra. Empecemos a trabajar ahora para que algún día nos llegue el turismo, esa lluvia maravillosa que nos moja a todos. Quizá ya es hora de cambiar de discurso. El turismo no va a llegar por arte de magia a fuerza de repetir que es nuestro futuro. No basta bailar la danza para que llegue la lluvia.
Como mencioné arriba, decir que el turismo es el futuro es una metáfora poderosa. Desde mi particular punto de vista ya no es una metáfora aplicable al Ecuador. Si por un lado refleja la predisposición y la buena voluntad de los gobernantes, por otro lado crea una perspectiva conjunta de que el sistema turístico en el Ecuador está en pañales y es inmaduro. En otras palabras, la frase envía un mensaje fuerte y claro de que podemos experimentar y desde ese punto de vista está bien tomar medidas poco deliberadas porque que estamos aprendiendo y está bien equivocarnos. Pero la realidad es otra.
Pensar que el turismo es el futuro es ignorar el presente y si bien es cierto no recibimos tantos turistas como otros países, nos están llegando alrededor de un millón de visitantes al año. Los ingresos por turismo llevan 10 años balanceándose entre el 3º y 7º lugar en el Producto Interno Bruto de nuestro país, 15.700 establecimientos turísticos estaban registrados a nivel nacional al cierre del año 2008, empleando a 85.000 trabajadores (sin contar el auto empleo y el empleo informal), mientras más de 30 universidades ofrecen84 diferentes titulaciones en turismo a nivel de pregrado a nivel nacional. Tomemos uno de los indicadores: si en cada una de las carreras ofertadas se gradúan 25 estudiantes al año, cada año tenemos más de 2mil nuevos profesionales buscando y creando empleo en turismo en el país. No en 20 años, no en 5 años: ahora. Las decisiones que se toman y se dejan de tomar con respecto al desarrollo de la actividad ya no afectan un futuro intangible, sino a gente que ya ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo.
No, el turismo no es el futuro del país. El turismo es el presente del país y mientras más rápido nos demos cuenta de esto, mejor.
Fuentes:
Ministerio de Turismo del Ecuador
Ecuador tiene una nueva marca turística presentada oficialmente junto con el slogan “ama la vida”, por el presidente Rafael Correa durante su enlace ciudadano el último sábado. Lo sorprendente no es que el mismo presidente haya hecho el lanzamiento, sino que esto sucede año y medio después de que el Plan de Marketing Turístico del Ecuador 2010-2014 determinó que el posicionamiento mundial de la marca vigente hasta ese momento junto con los 4 mundos (ver foto) fue uno de los objetivos que alcanzó mayor éxito en el plan de marketing anterior. Pero mucho más sorprendente aún es que el anuncio ha suscitado todo tipo de reacciones de una comunidad turística tradicionalmente pasiva. Grupos en Facebook, cartas a la prensa, una marcha pacífica e incluso un interesante artículo al respecto en el diario de mayor circulación nacional, son algunas de las evidencias de que los actores sociales del turismo en Ecuador estamos empezando a opinar críticamente.
Fuera de las opiniones que cuestionan el diseño del logo y la idoneidad del slogan (personalmente me gustan), creo que cabe preguntarnos si invertir el dinero público en estrategias completamente nuevas de marketing es la decisión más acertada en tiempos de crisis, especialmente cuando la inversión en el desarrollo y consolidación de productos turísticos locales pareciera más urgente. Cabe preguntarnos si la nueva marca es congruente con las estrategias trazadas en el Plandetur 2020 (que por cierto tiene aún diez años más de vigencia). Cabe preguntarnos también si la decisión se tomó técnicamente, apoyada en el nuevo Plan de Marketing y en los estudios que se hicieron al respecto a finales del 2008 y principios del 2009. La impresión de folletos de información turística y la relativamente reciente inversión para seguir promocionando la marca anterior nos indican que no (nueva folletería para la Ruta del Spondylus por ejemplo, o los taxis en Londres). Por eso no hay que desestimar la magnitud del cambio y la inversión que representa: desechar la folletería obsoleta, rehacer la señalética turística nacional tanto en ciudades como en carreteras, repintar las paredes de las oficinas de información, mandar a hacer nuevas gorras, camisetas y uniformes para todo el personal del MINTUR. Eso sin mencionar las pequeñas y medianas empresas que invertieron en su propia folletería e incluyeron nuestra marca para sentirse parte de un todo. Porque esa es la función de una marca país, presentar un producto turístico variado pero unificado.
¿Lo positivo? La marca país y la marca turística serán una sola… lo que significa que el logo y el slogan esta vez representan también a otros sectores de la producción bajo una imagen internacional única. ¿Otro aspecto positivo? Las opiniones de la comunidad turística como una señal de que nos preocupa la continuidad de los procesos turísticos iniciados y liderados por el sector público y nos preocupa también que las nuevas estrategias incluyan procesos de toma de decisión que sean a la vez técnicos y participativos. Quizá constituyen el reflejo de una evidente profesionalización del sector turístico, de un creciente interés de participación ciudadana… o simplemente de que quizá estamos cansados de borrar una y otra vez para empezar de cero.
Hace dos semanas me fui pasear a Londres -a hora y media de Eastbourne, donde yo vivo- con mi mamá y una amiga ecuatoriana. Caminando por Regent Street mi mamá pegó un grito: ¡mira! Un clásico taxi londinense con la marca país -Ecuador- pintada en todo su exterior estaba parado junto a nosotras. La emoción fue tanta que no alcanzamos a sacar nuestras cámaras.
Hoy me puse a buscar una noticia al respecto y esto fue lo que encontré y efectivamente, es una estrategia del Mintur para promocionar Ecuador en el mercado inglés. La noticia completa aquí.
Hay 22.000 taxis en Londres ¿cuáles eran las posibilidades de que estas tres ecuatorianas vean uno de los 27 que tienen la marca país? Tuvimos tanta suerte que quizá debimos comprarnos un guachito.
Si quieren recordar la canción del título y/o pegarse un buen dancing ahí les va el link de la salsa de Luis Felipe González.
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Foto principal obtenida de taximedia.com
Se habla muy poco ya del proceso de descentralización y transferencia de competencias a los municipios turísticos que impulsó el Ministerio de Turismo del Ecuador a partir del año 2001.
Y es una lástima, ya que mientras el resto de América Latina seguía teorizando sobre la necesidad de procesos que promuevan el desarrollo local, la autonomía de los espacios locales, el uso adecuado de recursos territoriales y la participación pública en la toma de decisiones sobre turismo, Ecuador ya contaba con un Modelo de Descentralización Turística coherente y viable.
Partiendo de una solicitud expresa y la voluntad política de los alcaldes, el Ministerio de Turismo transfirió atribuciones a los cantones que incluyen legislación y regulación local del turismo, actualización de los inventarios y catastros, promoción turística, concesión de licencias anuales de funcionamiento, entre otras (Maldonado, 2008).
La descentralización del turismo en nuestro país fue un proceso bastante ágil y se aplicó gradualmente a un número importante de municipios (60 bajo el modelo original), con un componente adicional que no tuvieron los procesos de descentralización de otros sectores… ni de otros países: incluyó un breve proceso de acompañamiento y capacitación por parte del MINTUR con el fin de que el personal que conforma las Unidades Técnicas Municipales de Turismo puedan asumir sus nuevas funciones.
Un estudio del CONAM evalúa el proceso en el 2004 y concluye entre otras cosas que el 65% de los municipios descentralizados ejerce el 60% de las atribuciones transferidas… y que menos de la mitad de las unidades técnicas municipales cuentan con profesionales en turismo. Además según el informe ’a esto se suma que sólo el 47% de los jefes de estas unidades han asistido por lo menos a la mitad de los cursos de capacitación ofrecidos por el MINTUR’.
Así, mientras el modelo contemplaba el acompañamiento y se invertía el dinero público en capacitar a los actores sociales locales, los encargados de su ejecución no contaban con una base técnica mínima para asimilar esa capacitación, o eran removidos al arbitrio por los alcaldes de turno. Excusa no hay, porque ahora tenemos profesionales en turismo hasta en los rincones más alejados de la patria, pero por alguna razón, a cargo de estas oficinas se sigue prefiriendo a las reinas de belleza.
FUENTES:
Maldonado (2008). Descentralización del turismo en el Ecuador: el caso de los municipios de Ibarra y Manta. Tesis de maestría en Ciencias sociales, FLACSO.
CONAM-GTZ (2004), Estado de concreción del proceso de descentralización en el Ecuador (López Hernando), CONAM.
























