Futuro incierto

Vive conmigo, cásate conmigo, vámonos lejos; son propuestas que al parecer me han aterrado y me han hecho alejar, tal vez inconscientemente, pero al final simplemente terminé huyendo de alguna manera.
Con aquel que fue mi herida, la vida se encargó de darnos un par de jalones de orejas, en el primero aún estábamos juntos y al obtener el resultado de una prueba, mediante la llamada de una de sus compañeros que en ese entonces ya trabajaba en un laboratorio, brincó de alegría, me sonrió mientras yo permanecía con una cara de susto, esperando que su reacción sea por haber obtenido una respuesta negativa, más no fue así, me agarró entre sus brazos y me levantó, sin importarle que la gente a nuestro alrededor nos observara desconcertados. Él casi siempre me hablaba de su deseo de ser padre y en ese momento se dispuso a organizar toda nuestra vida, donde viviríamos, que haríamos, como él se dispondría a conseguir trabajo; mientras yo seguía con una mirada desubicada, sin palabras por decir, lo amaba, pero estaba llena de demasiados miedos a un futuro que no sabia como resultaría, esos no eran mis planes. Un día después mi regla bajó, el examen resultó erróneo porque la muestra de sangre no fue manejada como se debía.

Nuestro segundo jalón de orejas, llegó mucho tiempo después, teníamos un mes o un poco más separados, en una de sus llamadas le conté, asi que quedamos en vernos unos días después para ir juntos al laboratorio y quitarnos la duda, él ya estaba trabajando (fue en ese trabajo donde encontró a aquella con la que me engañaría y con la que salía en ese tiempo), después de un buen tiempo sin verlo fue extraño y reconfortante a la vez tener otro encuentro, habíamos quedado en no vernos más, pero la circunstancia lo ameritaba.
Lo encontré en uno de los lugares donde casi siempre me esperaba, me abrazó como siempre lo hacía, en el camino hablamos poco y él no dejaba de decirme lo mucho que me extrañaba a pesar de estar con alguien más. Tuve los 30 minutos más largos de mi vida, no me soltó en ningún momento y en ese tiempo volvió a crearnos un plan de vida, hasta que llegó el tan ansiado sobre donde nuevamente se leía negativo. (El resto de la historia ya no importa).

Después de haber sufrido por aquel, varios meses intensos (se puede notar en entradas anteriores), me fui al abandono, olvidé gran parte de mí y a eso le sumo los grandes problemas que surgieron en mi casa por problemas de mis padres, en los cuales siempre nos metían a mi hermano y a mí; pasé llorando casi todas las noches de esos meses, una gran ola de emociones me golpeó y al final me derrumbó, tal vez quise que sea así.
En todo ese tiempo el gran tipo con acento quiteño, que siempre me quiso desde lejos, permaneció a mi lado; creo que nunca comprendí como llegó a amarme tanto, me pidió irnos lejos, comenzar de cero, me tendría paciencia y no perdía la esperanza que algún día sentiría lo mismo por él, pasaron meses, hasta que llegué a encariñarme con su extraña presencia a pesar de la lejanía (tenía 2 años y un poco más, de conocerlo sólo a lo lejos).

Después de ese tiempo volvió a pedírmelo, estaba planeando todo, viviríamos en Quito, me consiguiría trabajo con sus amigas y también junto a él los fines de semana, en los cuales trabajaba en su estudio de tatuajes, pondría una cafetería y hasta me pidió sacar todos los papeles de mi universidad para hacer un cambio, todo esto terminó por aturdirme, había días en que pensaba que lo mejor era eso, comenzar una vida de cero, luego lo pensaba y caía en cuenta que si algún día decidía continuar, sería por mi cuenta. El tiempo me permitió tranquilizarme sobre mis decepciones, ya no estaba tan desequilibrada emocionalmente; al final maté sus sueños, mi vida tomó un nuevo giro y él optó por la decisión más cuerda que pudo tener, alejarse. Nunca más supe de él (en algún post escribiré sobre los recuerdos que tengo de él).

Vente a vivir conmigo, es lo que mi actual novio me lleva diciendo varias veces, al inicio lo tomaba como una simple broma, un juego, una joda, hasta que lo dijo serio; no supe que decir y hasta ahora no sé que decir.
Con ninguno de los seres anteriores estuve tan aturdida como ahora, tal vez porque desde que empecé con él dejamos en claro no pensar en un futuro, no prometernos nada, simplemente vivir. O tal vez porque con ninguno de esos seres viví tanto como para no estar tan asustada ahora, quizás eso sea lo que más me aterra, el simple hecho de no sentir temor.
Y es que con él todo se ha dado de una forma tan intensa, todo lo que existe en una relación de muchos años se ha dado en meses, posiblemente lo que nos hace pensar en que vivir juntos no sería una completa locura, sería por haber pasado varios días en mi departamento, cuando conseguí un trabajo por el cual no tenía tiempo para regresar a la casa de mis padres los fines de semana (a 2 hras de distancia), mientras mi hermano y mis primas se iban, él iba a hacerme compañía, un día mientras permanecía recostada sobre su pecho, sonrió y dijo: Parecemos toda una pareja de jóvenes casados. Y sí, la verdad era esa, cocinaba para él, veíamos televisión, hacíamos compras y pasábamos mucho tiempo en esa que más que mi cama, era nuestra.

El miedo al futuro sigue latente, el miedo a ser decepcionada, etc. Por lo mismo me he limitado a no hacer planes, a no soñar, a mantenerme simplemente en la realidad, seguiré como hasta ahora y no apresuraré nada, seguiré viviendo el día a día; aunque esta vez exista una pequeña o gran diferencia, ahora no me quiero alejar, me siento segura aún sin comprender el por qué, tal vez porque me ha permitido ser quien soy, nunca me reclamó nada de las historias pasadas, siempre me ha mantenido sonriendo y me ha brindado fortaleza, además de nunca dejarme olvidar lo muy especial que soy en su vida y como ser humano

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